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Vivir, vivir, vivir la Palabra

Victoria Gómez

A partir de este número y durante varios meses el comentario Palabra de Vida llevará una firma distinta. Aquí se explica cuál es el origen de estos comentarios y cómo se elaboran actualmente.


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Si por una hipótesis absurda todos los evangelios de la tierra fuesen destruidos, nosotros querríamos vivir de tal forma que se pudiera reescribir el Evangelio con nuestra vida». Esta exigente convicción de Chiara Lubich ha acompañado a cuantos se han ido acercando de distintas maneras al Movimiento de los Focolares desde sus inicios, cuando, a causa de la Segunda Guerra Mundial, «todo se derrumbaba». Entonces se vivía con especial intensidad la Palabra, y esta era el «atuendo» que se ponían al despertarse. La llevaban en el corazón y la ponían en práctica en toda ocasión.
 
 
Chiara Lubich dio testimonio de ello infinitas veces, narrando historias fascinantes sobre los frutos, los descubrimientos y los efectos que ello tenía. Eran hechos personales o colectivos que ponían todo del revés, y por eso no dudaba en definirlos como «revolucionarios».
 
«Penetrar en el Evangelio», traducirlo en hechos, encarnar una Palabra tras otra para «reevangelizarse». Esta dinámica tenía y sigue teniendo una clara finalidad: transformarse en «otro pequeño Jesús que pasa por la tierra». Ahí radica su encanto y su porqué. Ayer igual que hoy.
 
Y es que «el mundo tiene necesidad de una cura de Evangelio», decía Chiara Lubich con convicción, asegurando que bastaría con vivir a fondo una Palabra para hacerse santo, para ser otro Jesús. Y todos podemos vivir la Palabra, sea cual sea nuestra vocación, edad, sexo o condición social, porque Jesús es la Luz que viene al mundo para todas las personas.
 
 
Esta es la razón de seguir ofreciendo mensualmente un comentario con sentido completo de muchas palabras de la Escritura, comentario que se traduce en unos noventa idiomas, algunos solo orales, y llega por distintos medios a millones de personas. 
Esta costumbre pedagógica, por así decirlo, echa sus raíces en los inicios del Movimiento de los Focolares, pero a propósito de ella Chiara Lubich hacía una advertencia contundente: «No hay que fijarse en quién comenta sino en lo que es comentado»: la Palabra, «lámpara para mis pasos» y «luz en mi camino»1
 
Así, estos comentarios irán llevando distintas firmas, ya que nacen del intercambio y la reflexión de un grupo de personas, distintas por edad, formación, cultura y procedencia, que ponen una y otra vez la Palabra en el centro de su vida. En esta especie de laboratorio, uno de sus integrantes recoge el fruto de la comunión que realizan y redacta un texto a la luz de la espiritualidad de comunión y de la experiencia de los miembros de los Focolares. El resultado es una sugerencia y una aportación apta para que cualquier persona pueda abrir las puertas a la Palabra y sentir su perfume ya desde el umbral.
 
 
«Vivir, vivir, vivir la Palabra» era la pasión que Chiara Lubich trasmitió a muchas personas. Una pasión que, en virtud de su espiritualidad colectiva, le llevaba a decir: «No nos basta con vivirla por nuestra cuenta. Luego es necesario comunicarse recíprocamente con los hermanos las experiencias» al respecto.  
 
De esta forma, añadía, nos evangelizamos no solo por el esfuerzo personal de vivirla, «sino por acoger la luz y la experiencia del otro». ¿Cuál es el resultado? Evangelizarnos individual y comunitariamente, ser «cada vez más Jesús, individual y colectivamente». Y donde vive Jesús, también a través de nosotros, el mundo recibe luz y halla fuerza para transformarse.
 
1 Sal 118, v. 105 


Durante varios meses la redactora de la Palabra de Vida será Letizia Magri, casada y madre de dos hijos. Con formación en humanidades, se licenció en Ciencias Biológicas en la Universidad de La Sapienza de Roma.

Posteriormente cursó un máster sobre matrimonio y familia en el Instituto Juan Pablo II de la Universidad Lateranense de Roma. Letizia Magri ha colaborado con una columna sobre familia en Città Nuova, la edición italiana de Ciudad Nueva, y durante varios años formó parte con su marido, Luca, de la Secretaría Internacional del Movimiento Familias Nuevas, donde se encargaban de los aspectos de la comunicación y la formación. En la actualidad siguen ocupándose de temas de familia.


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