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Julián Marías, ilusión por la persona

Nieves Gómez Álvarez

El último libro de la colección Pensar con… de la Editorial Ciudad Nueva presenta la enorme proeza intelectual y metafísica del filósofo español Julián Marías (1914-2005). 
 

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No es nada fácil ser creador, metafísicamente hablando, y revertir los supuestos sobre los que las mentes occidentales llevan apoyadas durante 25 siglos, pero el hecho es que la filosofía de Julián Marías, que parte de la metafísica de la razón vital del mayor pensador español, José Ortega y Gasset, lo hace con una arrolladora creatividad y con una fascinante confianza. 
 
 

Pensar a la persona

 

Se trata de pensar, de pensar a la persona, esa gran desconocida en la historia de la filosofía, que lleva ya un largo camino recorrido, haciendo ver que se trata de un tipo de realidad irreductible a toda otra y a la que además le corresponden unas categorías propias, no aplicables a las cosas. 
 
La vida humana es «faena poética», es «futurición», pero ¿cómo poetizarla?, ¿cómo imaginarla? Es necesario contar con ciertos elementos que nos expliquen su extraña realidad, que consiste en dinamicidad, en el hecho de estar apoyada en determinadas estructuras, pero con una proyectividad inagotable, que es expresión de su condición futuriza y de constituir una «imagen finita de la infinitud». 
 
Esta vida tan intensa es especialmente interesante porque significa una recuperación del nivel de la filosofía, continuando con esa tradición tan novedosa e integradora de toda la historia del pensamiento anterior. 
 
 

¿Qué es filosofía?

 

Desde el pensamiento de Marías podemos responder a esa cuestión tan orteguiana diciendo que es un saber radical, porque va a las raíces más profundas de las cuestiones, y que es la ciencia general del amor, porque permite poner toda la realidad en conexión. Asimismo, podemos definir la filosofía como «la visión responsable», que mira atentamente la realidad y es capaz de dar razón de ella. Y también podemos definirla con una traducción interesantísima de Marías, que además de dominar las cuatro grandes lenguas modernas, leía con soltura latín y griego.
 
Al analizar este clásico concepto, el de filosofía, Marías es consciente de que se ha solido traducir como «amor por la sabiduría», que no es, por supuesto, una expresión errada, pero tiene el pequeño inconveniente de que se deja fuera el elemento activo y dinámico de ese conocer, e incluso el factor de disfrute para quien la realiza. Su propuesta, pues, es traducirla por «ilusión por saber», que no solo tiene en cuenta estos factores, sino que además tiene la gran ventaja de no ligar la filosofía exclusivamente al ámbito académico, sino que la amplía a cualquier ámbito vital. 
 
 

La razón vital

 

Esta ilusión por saber es la que ejercemos todos los días al practicar la razón vital, esa razón que es necesaria para poder vivir, pero también la razón a la que llegamos cuando la vida misma nos empuja a seguir pensando para hacernos cargo de nuestra circunstancia. 
 
El tema de la razón vital e histórica es tan importante para Marías que llegó a desarrollar un método que se refleja muy concretamente en dos de sus obras: Historia de la Filosofía e Introducción a la Filosofía.
 
 

Metafísica de la persona

 

El acceso de Marías a la metafísica de la persona se realizó a través de un acercamiento progresivo, aunque la cuestión de la persona haya estado muy presente en la obra del filósofo prácticamente desde los inicios de su trayectoria como escritor. 
Este acercamiento comienza con la reflexión sobre las estructuras históricas y sociales, que son resultado de esa razón histórica en marcha, como Marías muestra en su compleja obra La estructura social y como él mismo practica, a resultas de esta, en los sucesivos «libros de viajes», como los dedicados a Estados Unidos, Hispanoamérica, Israel, la India o la propia España.
 
 

Estructura empírica

 

Es solo a partir de este enorme entrenamiento en la comprensión de las estructuras sociales e históricas como Marías procede a desarrollar un tema de enorme originalidad, que es la llamada «estructura empírica» y que constituye, digamos, el eslabón perdido (y necesario) entre dos factores de la metafísica de la vida humana de Ortega y Gasset: mi yo y la teoría analítica de la vida humana. 
 
Por estructura empírica Marías entenderá todos esos elementos que son constitutivos de la vida humana tal y como se nos dan y que son descubiertos por la experiencia, a diferencia de los elementos de la teoría analítica, que son descubiertos por análisis de mi propia vida.
 
 

Realidad personal

 

En este segundo nivel, el del descubrimiento de la realidad personal, encontramos un fascinante despliegue de obras en las que el pensador procede a mirar desde distintos puntos de vista el ser irreductible de la persona. 
 
Todas estas obras, de sorprendentes y atractivos títulos, dan idea de la gran creatividad de la que podría ser capaz el filósofo que se instale en el método de la razón vital: Miguel de Unamuno, La mujer en el siglo XX, La mujer y su sombra, Cervantes, clave española, Tratado de lo mejor. La moral y las formas de la vida, Mapa del mundo personal, Persona, Breve tratado de la ilusión, La felicidad humana, La educación sentimental, Memorias.
 
 

La razón vital femenina

 

Marías ha abordado de una forma muy lúcida –y enteramente distinta a la usual– la cuestión de la razón vital femenina, mostrando cómo al ser la razón vital la que ejercemos para poder vivir y al existir dos formas de instalación sexuada, necesariamente la forma de razón ha de ser también doble. En ese sentido, es muy sugerente su propuesta de cómo poder llegar a una cultura completa mediante la conjunción de estas dos formas de razón. 



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