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[ P a l a b r a   d e   V i d a ]

[Noviembre, 2004]

Colaborar en la cultura de la paz

«Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz» (Rm 13, 12)

Tinieblas y luz, una oposición elocuente conocida en todas las culturas y en todas las religiones. La luz simboliza la vida, el bien, la perfección, la felicidad, la inmortalidad. Las tinieblas nos recuerdan el frío, lo negativo, el mal, el miedo y la muerte.

El apóstol S. Pablo recuerda a los fieles de Roma que el cristiano ya no tiene nada que ver con un pasado “tenebroso”, hecho de impurezas, injusticia, perversidad, codicia, maldad, envidia, rivalidad, engaño, malignidad…[1].

«Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas...»

¿Cuáles son las obras de las “tinieblas”? Según Pablo son: borracheras, lujurias, desenfrenos, rivalidades, envidias[2] , pero también olvido de Dios, traición, hurto, homicidio, soberbia, ira, desprecio del otro... y también materialismo, consumismo, hedonismo, vanidad.

Obra de las tinieblas es también la facilidad con la que a veces seguimos cualquier programa de la televisión o navegamos por internet o leemos ciertos periódicos o vemos ciertas películas o lucimos ciertas prendas de vestir.

Nosotros, en el bautismo, por boca de nuestros padrinos, aceptamos morir con Cristo al pecado, cuando afirmamos tres veces querer renunciar al demonio y a sus seducciones. Hoy no nos gusta hablar del demonio, preferimos olvidarlo y decir que no existe, y sin embargo existe y sigue fomentando guerras, matanzas, violencia de todo tipo.

“Despojar...”, una acción violenta, que cuesta, que requiere coherencia, decisión, valor pero necesaria si queremos vivir en el mundo de la luz. De hecho, la Palabra de vida continúa:

«...y revistámonos de las armas de la luz»

No basta renunciar, “despojarse” del mal, es necesario revestirse de las armas de la luz, como explica Pablo más adelante: “revestirse del Señor Jesucristo”, dejando que sea Él el que viva en nosotros[3]. También el apóstol Pedro invita a “armarse” de los mismos sentimientos de Jesús[4].

Imágenes fuertes, sí, pues sabemos que dejar vivir a Cristo no es fácil, quiere decir reflejar en nosotros sus mismos sentimientos, su modo de pensar, de actuar; significa amar como Él amó, y el amor es exigente, requiere una lucha continua contra el egoísmo que está dentro de nosotros.

Pero no hay otro camino para llegar a la luz, como recuerda con claridad la primera carta de S. Juan: “Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano, está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos”( 2, 10-11).

«Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz»

Esta Palabra de vida es una invitación a la conversión, a pasar continuamente del mundo de las tinieblas al de la luz. Repitamos, entonces, nuestro no a Satanás y a todas sus lisonjas y volvamos a decir nuestro sí a Dios, como lo dijimos el día de nuestro bautismo.

No tendremos que realizar grandes acciones. Basta que cada una de las que ya hacemos esté sugerida y animada por el amor verdadero.

Así contribuiremos a irradiar a nuestro alrededor una cultura de luz, de lo positivo, de las bienaventuranzas. Será construir el Paraíso ya desde esta tierra para poseerlo eternamente en el cielo. Sí, porque el Paraíso es una realidad, que nos prometió Jesús, y es como una casa que se construye aquí para habitarla allí. Y su don será: alegría plena, armonía, belleza, danzas, una felicidad sin fin, porque el Paraíso es el amor.

Nos da testimonio de ello la experiencia vivida por Mary del Perú. Madre de tres hijas de tierna edad, cuando conoció la Palabra de vida se encontró con Dios, encontró la luz; se vio implicada totalmente y su vida sufrió un cambio radical.

Poco tiempo después le diagnosticaron una enfermedad grave. Ingresada en el hospital, descubrió que le quedaba poco más de un mes de vida. La confianza nueva en Jesús que ahora experimentaba le dio fuerzas para rezar una oración y le pidió cinco años más para consolidar su conversión y poder cambiar la vida también a su alrededor.

Inexplicablemente para los médicos, su salud mejoró y Mary salió del hospital. Volvió a casa, se preparó con su compañero al matrimonio, que se celebró en la iglesia, y pidió el bautismo para sus hijas.

A los cinco años la enfermedad se agudizó de repente y al cabo de dos semanas concluyó su vida terrenal.

Antes de morir, logró disponer todo lo referente a sus hijas y trasmitir esperanza a su marido: “Ahora voy al Padre que me espera. Todo ha sido maravilloso, ¡Él me ha dado los cinco años más bonitos de mi vida, desde que lo conocí a través de Su Palabra, que da la Vida!”



[1] Cf Rm 1, 24-31.
[2] Cf Rm 13, 13.
[3] Cf Rm 13, 14.
[4] Cf 1 P 4, 1.

 

Chiara Lubich

 

Puntos relevantes

• La luz, símbolo de la vida, de la felicidad y de la inmortalidad, se opone a las tinieblas, símbolo del mal, del miedo y de la muerte.
• Rechacemos al demonio y sus señuelos; está en nuestro mundo fomentando guerras, masacres...
• Revestirse de las armas de la luz es revestirnos de Cristo.
• Digamos de nuevo no a Satanás y renovémosle a Dios el sí del bautismo.
• Para contribuir a difundir una cultura de la luz basta con amar de verdad.

Lecturas aconsejadas

-Libros de Chiara Lubich:
La doctrina espiritual: Pensamientos: con el Omnipotente, p. 107. Lo que vale es el amor, p. 130 (cf. Escritos Espirituales/2, p. 126). Equilibrio divino, p. 176. Tú santificas, p. 201 (cf. Escritos Espirituales/2, p. 64). Con frecuencia el amor no es amor, p. 202 (cf. Escritos Espirituales/1, p. 107). Tened confianza, yo he vencido al mundo, p. 229 (cf. Escritos Espirituales/1, p. 152). Invasión de amor, p. 231 (cf. Escritos Espirituales/1, p. 82-83). María, vínculo de unidad entre los pueblos, p. 300 (cf. Escritos Espirituales/1, p. 211). Más sabiduría en el gobierno, p. 304 (cf. Escritos Espirituales/1, p. 258).

Juntos en camino: Crecer cada vez más en el amor, p. 126. Renovar el amor recíproco, p. 188.

La vida, un viaje: Volver a empezar, p. 102. Para vivir la Palabra, escoger la cruz, p. 105.

-Otros libros:
Igino Giordani, Diario de fuego: "Mayo 1941", p. 9. "27 diciembre 1942", p. 22.