Lleva a la página principal de Ciudad Nueva
E-Mail | Inicio | Revista | Pedido | Distribución | Catálogo | Novedades
Lleva a la página principal de Ciudad Nueva


 

Canales
temáticos



Arte

Ciencia

Cultura

Ecología

Economía

Espiritualidad de la Unidad

Ética

Familia

Focolares

Iglesia

Índices

Niños

Palabra de Vida

Política

Salud

Testimonio
 

[ P a l a b r a   d e   V i d a ]

[Octubre, 2006]

Portadores de la cultura del dar

«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo no perderá su recompensa» (Mc 9,41)

A lo largo de todo el Evangelio, Jesús invita a dar: dar a los pobres(1), al que pide, al que desea algo prestado(2); dar de comer al que tiene hambre(3), dar la capa a quien te pide la túnica(4); dar gratuitamente(5)... Él fue el primero en dar: la salud a los enfermos, el perdón a los pecadores, la vida a todos nosotros(6).

Al instinto egoísta de acaparar opone la generosidad, al pensar únicamente en las necesidades de uno mismo, la atención al otro; a la cultura de la posesión la del dar.

No cuenta si podemos dar mucho o poco. Lo importante es el "cómo" damos, cuánto amor ponemos también en un pequeño gesto de atención hacia el otro. A veces basta ofrecerle un vaso de agua, un vaso de agua "fresca"(7), como precisa el Evangelio de S. Mateo, un ofrecimiento particularmente grato y necesario en un país caluroso y reseco como Palestina.

«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo no perderá su recompensa»

Un vaso de agua, precisamente, es un gesto sencillo y grande a los ojos de Dios si se hace en su nombre, es decir, por amor.

Y el amor tiene todos los matices y sabe encontrar los modos más adecuados para expresarse.

El amor es atento porque se olvida de sí mismo. El amor es cuidadoso porque, vista una necesidad en el otro, hace de todo para ponerle remedio. El amor es esencial porque sabe acercarse al prójimo también con una actitud de escucha, de servicio, de disponibilidad.

¡Cuántas veces, cuando nos encontramos junto a una persona, especialmente si sufre, creemos que le hacemos un gran servicio quizás con nuestros consejos no siempre oportunos o con cualquier charla que puede molestarla o apesadumbrarla! ¡Qué importante, en cambio, es tratar de "ser" el amor para cada uno! Encontraremos el camino recto para entrar en su corazón y aliviarlo.

«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo no perderá su recompensa»

La Palabra de vida de este mes podrá ayudarnos a volver a descubrir el valor de cada una de nuestras acciones: desde las faenas domésticas o en el campo o en la oficina, al desempeño de trámites administrativos, a las tareas del colegio como a las responsabilidades en el campo civil, político y religioso. Todo puede transformarse en servicio atento y solícito.

El amor nos dará ojos nuevos para intuir lo que los demás necesitan y para salir a su encuentro con creatividad y generosidad.

¿El fruto? Los dones circularán porque el amor llama al amor. La alegría se multiplicará porque "hay más alegría en el dar que en el recibir"(8).

«Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo no perderá su recompensa»

Recuerdo que, durante la segunda Guerra Mundial, en nuestra ciudad de Trento, en algunas localidades vivían familias muy pobres. Íbamos a compartir con ellas lo que teníamos; queríamos elevar su nivel de vida para llegar todos a una cierta igualdad.

Era un razonamiento sencillo pero que dio frutos impensables: víveres, ropa, medicinas empezaron a circular con una abundancia insólita... Nació en nosotros la convicción de que en el Evangelio vivido está la respuesta a cualquier problema individual y social. No era una utopía. Hoy centenares de empresas están implicadas en el proyecto de una "economía de comunión": impregnar toda la vida empresarial de la cultura del dar y poner en común los beneficios para fines sociales, entre los que se encuentran ayudar a personas con dificultades, creando nuevos puestos de trabajo y socorriéndoles en sus necesidades más básicas.

Pero las personas necesitadas son muchas y los beneficios de estas empresas no pueden responder a cada necesidad. Por eso, muchos de nosotros, desde el año 94, damos una pequeña cantidad cada mes para los pobres. Actualmente ayudamos a 7.000 en 55 países.

Son innumerables los testimonios de los "vasos de agua" recibidos y dados en una carrera de generosidad. Uno entre muchos, desde Filipinas: "Nuestra tiendecita de carne se vino abajo por una epidemia de los animales. Teníamos deudas contraídas y ya no sabíamos cómo salir adelante. A través de vuestra ayuda regular hemos podido comer todos los días. Enseguida comprendí también yo que debía ayudar a quien tenía más necesidad que yo. Una vecina de casa estaba enferma, sufría mucho y necesitaba también ayuda material. La ayudé hasta que se fue al cielo y me he comprometido a ayudar económicamente a su quinto hijo porque el padre no puede porque es mucho más pobre que nosotros".

[1] Cf Mc 10,21.
[2] Cf Mt 5,42.
[3] Cf Mc 6,37.
[4] Cf Mt 5,40.
[5] Cf Mt 10,8.
[6] Cf Mc 10,45.
[7] Cf Mt 10,42.
[8] Hch 20,35.

Chiara Lubich