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[ P a l a b r a   d e   V i d a ]

[Junio, 2005]

El sistema para seguir a Jesús

«Sígueme» (Mt 9,9)

Mientras salía de Cafarnaún, Jesús vio a un recaudador de impuestos llamado Mateo sentado a la mesa de impuestos. Mateo ejercía un oficio que hacía de él una persona odiosa, semejante a los usureros y los explotadores, que se enriquecen a costa de los demás. Los escribas y fariseos lo ponían en el mismo plano que los pecadores públicos, por eso reprochaban a Jesús que fuera “amigo de publicanos y pecadores” y que comiera con ellos[1].

Jesús, yendo contra toda convención social, llamó a Mateo para que lo siguiera y aceptó ir a comer a su casa, como hará más tarde con Zaqueo, jefe de los aduaneros de Jericó. Al pedirle que explique esta actitud suya, Jesús dirá que viene a curar a los enfermos, no a los sanos, y no a llamar a los justos, sino a los pecadores. Su invitación, una vez más, va dirigida precisamente a uno de ellos:

«Sígueme»

Jesús había dirigido ya esta palabra a Andrés, a Pedro, a Santiago y a Juan en las orillas del lago. La misma invitación, con palabras distintas, se la hizo a Pablo en el camino de Damasco.

Pero Jesús no se detuvo ahí; a lo largo de los siglos ha seguido llamando a hombres y mujeres de todos los pueblos y naciones. Hoy también lo hace, pasa por nuestra vida, se encuentra con nosotros en lugares diferentes, de maneras diversas, y nos hace sentir nuevamente su invitación a seguirlo.

Nos llama a estar con Él porque quiere entablar una relación personal, y al mismo tiempo nos invita a colaborar con Él en el gran proyecto de una humanidad nueva.

No le importan nuestras debilidades, nuestros pecados, nuestras miserias. Él nos ama y nos elige tal como somos. Será su amor el que nos transforme y nos dé la fuerza para responderle y el valor para seguirlo, igual que Mateo.

Y para cada uno tiene un amor, un proyecto de vida, una llamada particular. Uno lo percibe en el corazón gracias a una inspiración del Espíritu Santo, o mediante determinadas circunstancias, o por un consejo o una indicación de alguien que nos quiere… Y aunque se manifieste de los modos más diversos, resuena la misma palabra:

«Sígueme»

Recuerdo cuando yo sentí también esta llamada de Dios. Era una mañana muy fría de invierno en Trento. Mi madre le pidió a mi hermana más pequeña que fuera a comprar leche a dos kilómetros de casa, pero hacía demasiado frío y no quiso ir. Mi otra hermana también dijo que no, entonces me ofrecí: “Ya voy yo, mamá”, le dije, y cogí la botella. Salí de casa y a mitad de camino sucedió un hecho algo especial. Me pareció que el cielo se abría y Dios me invitaba a seguirlo. Sentí en el corazón: “Date completamente a mí”.

Era la llamada explícita, y quise responderle enseguida. Hablé con el confesor y él me dio permiso para donarme a Dios para siempre. Era el 7 de diciembre de 1943; nunca me será posible describir lo que pasó por mi corazón ese día: me había desposado con Dios, podía esperármelo todo de Él.

«Sígueme»

Esta palabra no se refiere solamente al momento de la elección determinante de nuestra vida. Jesús nos la sigue dirigiendo todos los días. “Sígueme”, parece que nos sugiere ante los deberes cotidianos más sencillos; “sígueme” en esa prueba que debo abrazar, en esa tentación que superar, en ese servicio que llevar a cabo…

¿Cómo responderle concretamente? Haciendo lo que Dios quiere de nosotros en el presente, que comporta siempre una gracia especial.

El compromiso de este mes será, por tanto, darse a la voluntad de Dios con decisión; darse al hermano o a la hermana que debemos amar, entregarse al trabajo, al estudio, a la oración, al descanso, a la actividad que debemos realizar.

Aprendamos a escuchar en lo más profundo del corazón la voz de Dios, que habla también a través de la voz de la conciencia, y nos dirá en cada momento lo que Él quiere de nosotros, dispuestos a sacrificar todo para cumplirlo.

“Concédenos, oh Dios, no sólo que te amemos cada día más, porque pueden ser muy pocos los días que nos queden, sino que te amemos en cada momento presente con todo el corazón, el alma y las fuerzas haciendo tu voluntad”.

Este es el mejor sistema para seguir a Jesús.

[1] Cf Mt 11, 19; 9, 10-11

Chiara Lubich

Puntos relevantes

• Jesús vino no a llamar a los justos, sino a los pecadores. Esta invitación se dirige a uno de ellos.
• Como a lo largo de los siglos, también hoy Él invita a hombres y mujeres a seguirlo y a colaborar con Él en el gran designio de una humanidad nueva.
• Él nos ama a cada uno personalmente y nos llama tal como somos; poco importan nuestras miserias.
• Cada día, en los hechos más simples, Jesús sigue diciéndonos: "Sígueme". La respuesta es hacer lo que Dios quiere en el momento presente, que siempre tiene una gracia particular.

Lecturas aconsejadas

-Libros de Chiara Lubich:
La doctrina espiritual: Dios está en ti, p. 99. Mirar con otros ojos, p. 110 (Escritos Espirituales/2, p. 141). La única que es buena, p. 113 (EE/1, p. 101). No mi voluntad, sino la tuya, p. 122 (EE/2, p. 37). Con frecuencia el amor no es amor, p. 202 (EE/2, p. 107). Pensamientos: el Maestro interior, p. 203.

Un camino nuevo: La primera chispa, p. 33. Cuanto más nos acercamos a Dios..., p. 35.

Juntos en camino: La divina aventura, p. 28. Vivir el presente a la perfección, p. 185.

Lo esencial de hoy. Escritos Espirituales/2: Una nueva visión de la vida, p. 141. No el cuánto, sino el cómo, p. 202.

-Otros libros:
Igino Giordani, Diario de fuego: 21 diciembre 1947, p. 46.