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[ P a l a b r a   d e   V i d a ]

[Mayo, 2005]

Vivir la Palabra = construir la Iglesia

«Como el Padre me envió, también yo os envío» (Jn 20, 21)

Es ya la noche de Pascua. Jesús resucitado se ha aparecido a María de Magdala. Pedro y Juan han visto la tumba vacía. Sin embargo, los discípulos permanecen encerrados en casa, llenos de miedo, hasta que el Resucitado se presenta en medio de ellos, que tenían las puertas cerradas, porque ninguna barrera puede separarlo ya de sus amigos.

Jesús se había ido pero, tal como había prometido, ahora vuelve para quedarse para siempre: “Se quedó en medio de ellos”, no como una aparición momentánea, ¡sino como una presencia permanente! A partir de ese momento los discípulos ya no estarán solos y el temor cede el lugar a una alegría profunda: “Se alegraron de ver al Señor”[1].

El Resucitado abre de par en par sus corazones y las puertas de su casa al mundo entero diciendo:

«Como el Padre me envió, también yo os envío»

El Padre había mandado a Jesús para reconciliar a todos con Dios y recomponer la unidad del género humano. Ahora les tocaba a sus discípulos continuar la edificación de la Iglesia. Del mismo modo que Jesús había cumplido el designio del Padre porque era una sola cosa con Él, así ellos podían continuar su altísima misión porque el Resucitado estaba en ellos. “Yo en ellos”[2], había pedido Jesús al Padre.

Del Padre a Jesús, de Jesús a los apóstoles, de los apóstoles a los sucesores, el mandato nunca ha ido a menos.

Pero también cada cristiano debe sentir cómo resuenan en su corazón estas palabras de Jesús. De hecho, “en la Iglesia hay diversidad de ministerios, pero unidad de misión”[3].

«Como el Padre me envió, también yo os envío»

Para cumplir este mandato del Señor tenemos que hacer que Él viva en nosotros. ¿Cómo? Siendo miembros vivos de la Iglesia, haciéndonos uno con la Palabra de Dios, evangelizándonos nosotros primero.

Es uno de los deberes de lo que Juan Pablo II ha llamado “nueva evangelización”. “Alimentarnos de la Palabra -escribe- para ser “servidores de la Palabra” en el compromiso de la evangelización, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al comienzo del nuevo milenio”[4], porque “sólo un hombre transformado” por la “ley del amor de Cristo y la luz del Espíritu Santo, puede realizar una verdadera metánoia (= conversión) de los corazones y de la mente de otros hombres, del ambiente, de la nación o del mundo”[5].

Hoy ya no bastan las palabras. “El hombre de hoy escucha a los testigos más que a los maestros -señalaba ya Pablo VI- y si se escucha a los maestros es porque son testigos”[6]. El anuncio del Evangelio será eficaz si se apoya en el testimonio de la vida, como los primeros cristianos, que podían decir: “Os anunciamos lo que hemos visto y oído…”[7]; será eficaz si, igual que se decía de ellos, se puede decir también de nosotros: “Mira cómo se aman, y el uno está dispuesto a morir por el otro”[8]; será eficaz si somos concretos en el amor y damos, respondiendo al que se ve necesitado, sabiendo darle alimento, vestido o casa a quien no tiene, amistad al que se encuentra solo o desesperado, apoyo a quien pasa una prueba.

Si vivimos así, el atractivo de Jesús será un testimonio para el mundo y, al ser otros Cristo, su obra continuará, gracias también a esta aportación..

«Como el Padre me envió, también yo os envío»

Esa es la experiencia de algunos médicos y enfermeras nuestros que en 1966 tuvieron conocimiento de la situación del noble pueblo Bangwa, que en aquel entonces se veía afectado por varias enfermedades, con una mortalidad infantil del 90% que amenazaba su extinción completa.

Fueron para estar con aquel pueblo y sintieron que su primer deber era seguir amándose recíprocamente para dar testimonio del Evangelio. Amaron indistintamente a unos y a otros, ofreciendo un servicio profesional, abrieron un dispensario que pronto se convirtió en un hospital. La mortalidad infantil se redujo al 2%. En plena selva se construyó una central eléctrica, luego un colegio de primaria y secundaria. Con el tiempo y distintas aportaciones del pueblo mismo, se abrieron doce carreteras para comunicarse con varios poblados.

El amor concreto es envolvente. Ahora gran parte de la población comparte la nueva vida; pueblos que antes estaban en lucha se reconcilian y las controversias sobre los límites territoriales se resuelven en armonía; los reyes de distintos clanes establecen entre ellos un pacto de amor recíproco y viven en fraternidad, y así ofrecen, en un intercambio de dones, un testimonio maravilloso, un ejemplo original y auténtico.

[1] Jn 20,20
[2] Jn 17,23
[3] Apostolicam Actuositatem, 2
[4] Novo Millennio Ineunte, 40
[5] A los peregrinos de la diócesis de Torun (Polonia) 19 de febrero de 1998.
[6] Audiencia general, 2 de octubre de 1974.
[7] Cf. 1 Jn 1,1
[8] Tertuliano, Apologético, 39,7.

Chiara Lubich

Puntos relevantes

• Con estas palabras, Jesús resucitado abre los corazones de los discípulos y las puertas de sus casas al mundo entero.
• Cada cristiano debe escuchar en él el eco de estas palabras de Jesús.
• Responderemos a ellas dejando que Cristo viva en nosotros, siendo cada uno Palabra de Dios y miembro vivo de la Iglesia.
• El anuncio del Evangelio será eficaz si nos ponemos a amar en las cosas concretas y en actitud de don.

Lecturas aconsejadas

-Libros de Chiara Lubich:
La doctrina espiritual: Lo que vale es el amor, p. 130 (Escritos Espirituales/2, p. 126). Una ciudad no basta, p. 155 (EE/1, p. 117). Pensamientos: Reevangelizarse, p. 181. ¡Qué bella es María!, p. 193 (EE/1, p. 31). Invasión de amor, p. 231 (EE/1, p. 82). Nuestra responsabilidad es grande, p. 232 (EE/1, p. 98).

Juntos en camino: Ser sus testigos, p. 133. Seguir a Jesús, p. 155

Lo esencial de hoy. Escritos Espirituales/2: Cuando alguien pasa a nuestro lado, p. 153. Cristianos subdesarrollados, p. 155. Muchos uno, p. 72.

-Otros libros:
Igino Giordani, Diario de fuego: 21 diciembre 1947, p. 46.