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[ P a l a b r a   d e   V i d a ]

[Enero, 2005]

Cristo, fundamento de la Iglesia

«Cristo, único fundamento de la Iglesia» (cf 1Cor 3, 11)

Era el año 50 cuando Pablo llegó a Corinto, la gran ciudad griega, famosa por su importante puerto comercial y animada por múltiples corrientes de pensamiento. Durante 18 meses el apóstol anunció allí el Evangelio y puso las bases de una floreciente comuni dad cristiana. Otros, después de él, continuaron la obra de evangelización. Pero los nuevos cristianos corrían el riesgo de apegarse a las personas que traían el mensaje de Cristo, más que al mismo Cristo. Nacían así las facciones: “yo soy de Pablo”, decían algunos; y otros, siempre refiriéndose a su apóstol predilecto: “Yo soy de Apolo” o bien: “Yo soy de Pedro”.

Ante la división que turbaba a la comunidad, Pablo afirma con fuerza que los constructores de la Iglesia, comparándola con un edificio o un templo, pueden ser muchos, pero uno solo es el fundamento, la piedra viva: Cristo Jesús.

Este mes, sobre todo, durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos, las Iglesias y las comunidades eclesiales recuerdan juntas que Cristo es su único fundamento, y que solamente adhiriéndose a Él y viviendo su único Evangelio pueden encontrar la unidad plena y visible entre ellos.

«Cristo, único fundamento de la Iglesia»

Basar nuestra vida en Cristo significa ser una sola cosa con Él, pensar como Él piensa, querer lo que Él quiere, vivir como Él vivió.

Pero, ¿cómo basarnos y enraizarnos en Él? ¿Cómo ser una sola cosa con Él? Poniendo en práctica el Evangelio.

Jesús es el Verbo, es decir, la Palabra de Dios que se ha encarnado. Y si Él es la Palabra que asumió la naturaleza humana, nosotros seremos verdaderos cristianos, si somos hombres y mujeres que encauzan toda su vida según la Palabra de Dios.

Si vivimos sus palabras, es más, si sus palabras “nos viven” hasta hacer de nosotros “Palabras Vivas”, entonces somos uno con Él, nos aferramos a Él; ya no vive el yo o el nosotros, sino la Palabra en todos. Podremos pensar que viviendo así daremos una apo rtación para que la unidad entre todos los cristianos sea una realidad. Del mismo modo que el cuerpo respira para vivir, así el alma para vivir vive la Palabra de Dios.

Uno de los primeros frutos es que nace Jesús en nosotros y entre nosotros. Esto provoca un cambio de mentalidad, inyecta en el corazón de todos, ya sean europeos o asiáticos, australianos, americanos o africanos, los mismos sentimientos de Cristo ante las circunstancias, las personas y la sociedad.

Es la experiencia de uno de mis primeros compañeros, Giulio Marchesi, ingeniero de una gran industria, luego director de otra importante empresa en Roma. Las muchas experiencias que vivió en el trabajo y en otros campos sociales, lo llevaron a la triste co nstatación de que, en cualquier parte, los fines egoístas eran los que movían a las personas y que, por lo tanto, no podía existir la felicidad en este mundo.

Sin embargo, cuando un día se encontró con personas que vivían la Palabra de Vida, en él y a su alrededor todo pareció cambiar. Al ponerse a vivir el Evangelio empezó a notar en su corazón un sentimiento de plenitud y de alegría. Escribía: “Experimentaba la universalidad de las Palabras de Vida, que desencadenaban una verdadera revolución en mí, cambiaban todas las relaciones con Dios y con el prójimo, todos me parecían hermanos y hermanas, y tenía la impresión de haberlos conocido desde siempre. Descubrí también el amor de Dios por mí: bastaba rezarle. En fin, ¡la Palabra vivida me hizo libre!». Y así permaneció, incluso cuando en los últimos años de su vida se vio obligado a estar en silla de ruedas.

Sí, la Palabra vivida nos hace libres de los condicionamientos humanos, infunde alegría, paz, sencillez, plenitud de vida, luz; al hacer que nos adhiramos a Cristo, nos transforma poco a poco en otros Él.

«Cristo, único fundamento de la Iglesia»

Pero, hay una Palabra que resume todas las demás, es amar, amar a Dios y al prójimo. Jesús sintetiza en ella “toda la Ley y los Profetas” (1). El hecho es que cada Palabra, aun siendo expresada en términos humanos y diferentes, es Palabra de Dios; pero, como Dios es Amor, cada Palabra es caridad.

Por tanto, ¿cómo vivir este mes?, ¿cómo aferrarnos a Cristo “único fundamento de la Iglesia”? Amando como Él nos enseñó.

“Ama y haz lo que quieras”(2), decía San Agustín, casi sintetizando la norma de vida evangélica, porque si amas no te equivocarás, sino que cumplirás plenamente la voluntad de Dios.


[1] Cf. Mt 22,40.
[2] En Exposición Epístola San Juan a los Partos, 7,8.

 

Chiara Lubich

 

Puntos relevantes

• Sólo adhiriéndose a Cristo y a su Evangelio llegarán los cristianos a una unidad plena y visible.
• Basar nuestra vida en Cristo, Palabra de Dios hecha carne, significa ser uno con Él y vivir sus palabras hasta que nos transforme en palabras vivas.
• Vivir la Palabra de Dios provoca en nosotros una verdadera revolución y nos hace libres de condicionamientos humanos.
• Para Jesús, la Palabra del amor resume todas las demás: amar a Dios y al prójimo.

Lecturas aconsejadas

-Libros de Chiara Lubich:
La doctrina espiritual: Los albores, p. 41. Si estamos unidos, Jesús está entre nosotros, p. 151. (cf. Escritos Espirituales/1, p. 50). Alimentarnos de la Palabra, p. 173 (cf. Escritos Espirituales/2, p. 35). La verdad nos hace libres, p. 173 (cf. Esc. Esp./2, p. 16). La regla de oro, p. 174 (PV febrero 1998: cf. Ciudad Nueva 1998/2, p. 33). Pensamientos; Reevangelizarse, p. 181. El carisma de la unidad y la pedagogía, p. 286.

Juntos en camino: Seguir a Jesús, p. 155.

A los gen. Diálogo con los jóvenes: Dios es amor, p. 168. La Palabra de Dios, p. 179.

Un camino nuevo: Palabras vivas para ser uno, p. 39.

-Otros libros:
Igino Giordani, Diario de fuego: 18 febrero 1957, p. 81. 18 febrero 1959, p. 98.

Alexandr Men, Jesús, el maestro de Nazaret. Una vida de Jesús profundamente espiritual, una meditación sobre Dios hecho hombre desde el punto de vista de un sacerdote ortodoxo ruso. Un libro que se lee como una novela y al mismo tiempo como un ensayo serio y muy bien documentado.