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[ E d i t o r i a l ]

[ Cotilleos deseducadores ]
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Una de las paradojas que más banalizan la vida, y por eso mismo somos menos conscientes de ella, es el uso que hacemos de los medios de comunicación. Por una parte nos lamentamos de que cada vez nos invadan más, pero por otro no somos capaces de prescindir de ellos. Se trata de una especie de “mediadependencia”, cuyos mecanismos psicológicos se parece mucho a la dependencia que provocan la cocaína o el abuso del alcohol. En este ámbito de nueva dependencia, las rúbricas que más espacio están conquistando en la prensa, en las televisiones y hasta en internet son las de cotilleos, o gossip, como dicen los ingleses. Un personaje que recurre frecuentemente a semejante género literario los ha definido como “hablar ligero”, y con ello ha conseguido que se revolviese en su tumba aquel Italo Calvino que situaba la ligereza entre “los retos del próximo milenio”.
Naturalmente, los cotilleos más interesantes son los que afectan a gente que nos resulta más cercana. Y mientras se trate de amores y amoríos inmortalizados por los paparazzi, nada nuevo bajo el sol. Pero –aquí está lo grave– ya se ha puesto de moda plantar en primera página lo más íntimo que hay (o tendría que haber) en la vida de una persona: sus afectos duraderos, su familia, el secreto de la pareja, el respeto de los hijos...
Que un personaje de moda decida abrazar por primera vez a su hija “ilegítima” ya adulta ante las cámaras, derramando lágrimas copiosamente, no es una actitud muy digna de respeto, incluso puede ser una maniobra perfectamente calculada (cuestión de audiencia). Pero sacar a la luz pública un pasado íntimo ya no es inmoral, sino amoral, o sea, sin ética. Cuando alguien decide salir del armario, dice que lo hace por valor, aunque podría ser también vanagloria, pero cuando a alguien lo sacan (outing se dice) ya es por mero interés, y del peor tipo. El hecho de que los asuntos íntimos de una pareja encumbrada tengan que ser resueltos a base de comunicados de prensa y entrevistas tampoco es muy educativo. Luego criticamos las uniones civiles y las modernas versiones del matrimonio porque deseducan, y es verdad; pero mucho más deseducadores son los excesos de exposición mediática de las intimidades. Son la tumba del amor familiar, y nada más.
Pensándolo bien, la proliferación en la página web de YouTube de vídeos de carácter semipornográfico cuyos protagonistas son adolescentes no es sino la consecuencia directa, o indirecta, de la decadencia ética de sus padres y madres. Si un actor, un futbolista o un político hacen determinadas cosas en la tele, ¿por qué los adolescentes no habrían de buscar su propia tajada de gloria mediática?
Además de la ligereza, Italo Calvino propuso también la rapidez, la exactitud, la visibilidad y la multiplicidad. Quizás habría que añadir una sexto reto para los medios de comunicación: la mesura, que es la antesala de la responsabilidad y de la belleza de sentimientos. Y fíjate por donde sobre la responsabilidad y la belleza de espíritu no hay cotilleos.
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