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[ E d i t o r i a l ]

[ La soledad del ciudadano global ]

A lo largo de los siglos se han ido sucediendo distintos tipos de hombre que, en cierto modo, expresaban los méritos y valores y también las deficiencias de la sociedad a la que pertenecían. Hoy en día nos resulta significativo y educativo constatar el desarrollo de nuestra especie a través de sus obras, actividades, realizaciones, pensamiento y cultura. Brillan en la historia capacidades morales y espirituales, además de habilidades prácticas e ingenio inventivo, que señalan las características de las distintas civilizaciones que a lo largo del tiempo han sido y que siguen dando su aportación en el itinerario del ser humano.

Cabe preguntarse: ¿qué cualidades tiene el hombre de la sociedad global?, ¿en qué se distingue?, ¿por qué destaca? Cualquiera puede hacer una lista de las cualidades del ciudadano global: activo, libre, veloz, explorador, conquistador... Se yergue cual vencedor. Sin embargo nuestra sociedad tiene todos los síntomas de una criatura enferma. Una enfermedad que, según los expertos, es difícil de diagnosticar. Probablemente uno de los síntomas más visibles de este mal es la soledad en la que yace una gran parte de los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Se trata de una soledad negativa, producto de la ausencia de relaciones auténticas, profundas y estables con los compañeros de viaje; producto de la indiferencia por la cosa pública y el bien común; producto de un replegamiento sobre un yo individualista y muchas veces egoísta.

La soledad de ciudadano global (Bauman) crece en la medida en que su vida se dilata por una red cada vez mayor de conocimientos e informaciones, de contactos virtuales, de peregrinaciones en masa a los nuevos santuarios del bienestar consumista, de aglomeraciones multitudinarias que gritan en los lugares de diversión y ocio... El cascarón del yo se vuelve cada vez más angosto e impide que se manifieste la socialidad y el reconocimiento del otro, que son fuentes de dignidad y libertad.

La medicina para curar esta enfermedad hay que tomarla en dosis continuas para que el organismo espiritual recupere el hábito de la movilidad y el interés. Es como un proceso de rehablitación. Y en pocas palabras significa: respetar las diferencias para unir el cuerpo social; escrutar el rostro del otro con simpatía y no con desconfianza; abrirse a un diálogo sincero sin barreras prefabricadas; cuidar las relaciones personales y cultivar amistades duraderas. En definitiva, romper la soledad viviendo la comunidad. La sociedad saldrá más enriquecida y menos conflictiva.