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[ F a m i l i a ]

[ Entrevista al Cardenal López Trujillo. La iglesia doméstica ]
El Pontificio Consejo para la Familia acaba de cumplir 25 años. Desde estas paginas felicitamos a su presidente, el cardenal Alfonso López Trujillo, a quien hemos cursado estas preguntas.
Ángel Bartol
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¿Qué es el Pontificio Consejo para la Familia y cuál ha sido su aportación a la familia cristiana?
El dicasterio fue creado el 13 de mayo de 1981, el día del atentado contra Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro; por eso decimos que tuvo un bautismo de sangre. Nació porque el Sucesor de Pedro era consciente de la importancia de la familia para la Iglesia y la sociedad. La intuición del pontífice, que el tiempo ha demostrado bien fundamentada, fue fruto de su experiencia como obispo de Cracovia y de sus años de servicio petrino.
Son dos los campos complementarios de nuestro trabajo. El primero dentro de la Iglesia, y nuestros interlocutores son los obispos de cada diócesis y de las conferencias episcopales. Por medio de ellos coordinamos nuestro servicio a sacerdotes y laicos, religiosos y religiosas, a parroquias, movimientos, grupos y asociaciones, que han crecido notablemente actuando el carisma de la familia.
Otro campo del PCF es la sociedad, el mundo de los políticos y los legisladores, los parlamentos nacionales y los foros mundiales, como las Naciones Unidas o el Parlamento Europeo, donde se abordan graves cuestiones que tienen que ver con los temas de los que nos ocupamos.
Al dicasterio le compete la tarea de promover y coordinar el esfuerzo pastoral en orden a la procreación responsable, así como apoyar iniciativas en defensa de la vida humana en todo el arco de su existencia, desde la concepción a la muerte natural. Y en función de esto, otros temas nos competen: la teología y la catequesis de la familia, la espiritualidad conyugal y familiar, los derechos de la familia y del niño, la formación de laicos que trabajan en la pastoral familiar y los cursos de preparación al matrimonio.
El dicasterio también se interesa en asuntos como: educación sexual, demografía, contracepción y “contracepción” abortiva, fecundación artificial y aborto, esterilización, cuestiones éticas y pastorales relativas al SIDA y otros problemas de bioética; y también la legislación sobre el matrimonio y la familia, o las políticas familiares y la tutela de la vida humana.
En la constitución apostólica Pastor bonus (28-6-1988), quedaron establecidas las competencias y la función de este dicasterio.
¿Cómo está compuesto el PCF? ¿Hay entre sus miembros familias de distintas razas y culturas?
Está presidido por un cardenal, asistido por un “comité de presidencia” compuesto por obispos de distintos continentes, un secretario y el vicepresidente del Consejo Pontificio de Laicos. El presidente es ayudado por un secretario y un subsecretario. El trabajo de los distintos despachos lo realizan “oficiales” elegidos de varios países, que tienen competencia y experiencia pastoral en la materia.
Son miembros del Consejo un número de personas, en su mayoría laicos casados, hombres y mujeres de todas partes del mundo que expresan distintas áreas culturales. Los miembros son nominados por el Santo Padre y se reúnen en asamblea plenaria al menos una vez al año. Además, el Consejo recurre a la colaboración de consultores expertos en aquellas disciplinas relacionadas con la problemática de la familia.
Aparte de esto, casi cotidianamente mantenemos contacto con gente de todo el mundo, tanto expertos en tema de familia y vida, como obispos, sacerdotes y laicos que se ocupan de la pastoral familiar. Con frecuencia recibimos visitas que nos plantean sus problemas, pues hoy los retos son muchos. Mucha gente necesita una clara visión de la familia y un apoyo decidido de la Iglesia institucional en cuestiones que surgen de las leyes que proponen los gobiernos, que muchas veces son contrarias a la ley moral natural y a la ley divina, y que amenazan la integridad de la familia o no defienden el valor de la vida humana, o proponen alternativas a la familia, atacando los valores más sagrados de esta célula primordial de la sociedad.
En estos 25 años de vida del PCF, ¿cuál ha sido el mayor reto para la Iglesia en el ámbito de la familia?
Habría una lista larguísima de problemas que tienen que ver con la familia, la vida y la dignidad de la persona humana. Se producen constantes ataques, pues dado el positivismo jurídico que actualmente reina entre parlamentarios y legisladores, todo lo que es ley y ha sido aprobado por los gobiernos, según ellos sería justo y hay que respetarlo y obedecerlo. Lamentablemente esas leyes amenazan directa o indirectamente a la vida humana, a la familia y al hombre mismo en su integridad.
Por ejemplo, el mito demográfico, tan de moda en los últimos años, totalmente falso y absurdamente inflado. Me refiero a los problemas del aborto y la eutanasia, que atentan contra la vida, sin tener en cuenta la dignidad del hombre y el valor de la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Lo que se quiere es eliminar a los sujetos enfermos o minusválidos ya en el seno materno, lo cual supone la pretensión de decidir quién tiene derecho a vivir y quién tiene que ser eliminado. Es como el mito del “superhombre”, tan inculcado en la mente de los jóvenes.
Otro problema son las alternativas a la familia tradicional: la convivencia, que no acepta el compromiso y los desafíos de una sana familia verdadera, y la unión de personas del mismo sexo, incluso con la propuesta de adoptar niños.
El problema de la clonación humana supone una intención de no procrear, sino crear, producir, construir seres humanos fuera de la relación conyugal natural, lo cual conlleva una evidente selección de los sujetos que mejor se adapten a la nueva visión del mundo y del hombre. A causa de su orgullo, el hombre se sitúa, igual que ocurrió en los orígenes del mundo, en la posición del Creador. La ciencia y la técnica, en lugar de estar al servicio del hombre, se transforman en un ámbito de investigación y experimentación salvaje, sin frenos ni reglas. Con frecuencia se instrumentaliza la opinión pública criticando a la Iglesia, cómo si ésta obstaculizase la investigación o fuese contraria al bien del hombre, lo cual es falso. La Iglesia no se opone a la investigación sincera y profunda, siempre que sea respetuosa con el hombre en todas las fases de su existencia.
De todo esto se deduce que el reto mayor es justamente el de salvar al hombre mismo y su ámbito natural de desarrollo, es decir, el “seno espiritual” de la humanidad, en el que nacen y crecen las futuras generaciones, que es la familia.
Al renovar la convocatoria del V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, Benedicto XVI manifestó su deseo de animar, como Juan Pablo II, la “estupenda noticia”, el “Evangelio de la familia”. ¿Qué espera la Iglesia de este encuentro y qué aportación puede dar al mundo?
La familia es la cuna y el santuario de la vida, donde es posible la procreación integral, que no se limita a la concepción y el nacimiento, y esto es una gran responsabilidad. En un texto especialmente rico, la Centesimus annus, se lee que la familia es «la primera estructura fundamental a favor de la “ecología humana”, en cuyo seno el hombre recibe las primeras nociones sobre la verdad y el bien; aprende qué quiere decir amar y ser amado, y por consiguiente qué quiere decir en concreto ser una persona. Se entiende aquí la familia fundada en el matrimonio, en el que el don recíproco de sí por parte del hombre y de la mujer crea un ambiente de vida en el cual el niño puede nacer y desarrollar sus potencialidades, hacerse consciente de su dignidad y prepararse a afrontar su destino único e irrepetible». En cuanto santuario de la vida, la familia es sagrada: «es el ámbito donde la vida, don de Dios, puede ser acogida y protegida de manera adecuada contra los múltiples ataques a que está expuesta, y puede desarrollarse según las exigencias de un auténtico crecimiento humano. Contra la llamada cultura de la muerte, la familia constituye la sede de la cultura de la vida».
El proceso educativo debe tener en cuenta la autoridad, el amor, el ejemplo y la enseñanza doctrinal. Tiene que haber voluntad de educar, dejando a un lado el miedo a ser guía y exigir, y superando el temor a invadir la libertad del otro, tal y como lo advierten hoy muchos psicólogos y educadores. Por eso, el Encuentro Mundial de las Familias de Valencia es un reclamo para despertar las conciencias y conseguir que la familia sea una estructura sólida, sana y responsable para el futuro de todo el mundo.
¿Por qué se eligió como tema de este EMF “La transmisión de la fe en la familia”?
Como en los albores de la Iglesia, hoy la “iglesia doméstica” debe incidir y suscitar tanta admiración, que en los ambientes neopaganos lleguen a llamar a sus puertas para buscar la clave que explique su original modo de vida, ese “mirad como se aman”. El modo cristiano de vivir en la familia, su transparencia, su testimonio han de ser una “novedad” que interpele las conciencias. Podríamos decir que, partiendo del modo original y fiel de vivir de las familias, entramos en el proceso que conduce a la originalidad del Evangelio proclamado, y a descubrir el misterio del Verbo Encarnado, el Resucitado, el misterio de la iglesia doméstica.
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