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[ F a m i l i a ]

[ La familia lo requiere ]
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Fue el 25 de enero de 2003 cuando se produjo la designación de Valencia para acoger el Encuentro Mundial de las Familias en su quinta edición. El anuncio lo hazo el mismo Juan Pablo II en la Sala Clementina del Vaticano, desde donde emitió vía satélite su mensaje al Encuentro que estaba concluyendo en Manila. Textualmente dijo: «Tengo el gozo de comunicar que el V Encuentro Mundial de la Familia se celebrará en Valencia (España) en 2006». Estas convocatorias tienen una cadencia trienal y se iniciaron en Roma el Año de la Familia (1994), luego Río de Janeiro (1997), otra vez Roma (2000, año del Gran Jubileo), Manila (2003) y ahora Valencia.
Esa misma mañana, el arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco, tuvo una de las primeras reacciones: «Excelente noticia para todos los valencianos, (...) un regalo de Juan Pablo II que se convertirá en una gracia extraordinaria para todas las familias valencianas», señalando que ya había recibido la adhesión de las autoridades civiles, dispuestas «a todo tipo de colaboración para que el encuentro resulte exitoso».
Tras el anuncio, los porqués. La diócesis de Valencia resultaba ser promotora durante la última década de varias iniciativas en favor de la familia. Había puesto en marcha una de la sedes del Pontificio Instituto Juan Pablo II (siete en todo el mundo), dedicado a estudios sobre el matrimonio y la familia. Se había formado el Foro de Familia, integrado por casi un centenar de asociaciones y movimientos. Y además funcionaban las escuelas de novios, de padres... En todo ello se quiso ver el motivo de la designación.
La organización del Encuentro Mundial de las Familias es una operación conjunta que llevan a cabo la diócesis designada y el Pontificio Consejo para la Familia, uno de los once dicasterios que componen la Curia Romana. Tales dicasterios son modernos organismos (el más antiguo data de 1917) cuya función se cifra en asistir al Papa en su labor pastoral. Concretamente, al que nos ocupa le compete la promoción de la pastoral y del apostolado en el ámbito familiar, con el fin de ayudar a las familias cristianas a cumplir su misión educativa y apostólica. Una amplia explicación de esto nos la da el card. López Trujillo, presidente de dicho dicasterio, en la entrevista que publicamos en el Especial Familia de este número.
El objeto del Encuentro Mundial de la Familia no es otro que mostrar que ésta es “iglesia doméstica” y “santuario de la vida”, según la visión cristiana. Y el formato que adopta es variopinto, “apto para todos los públicos”. De hecho, el que se celebra en Valencia del 1 al 9 de este mes, abarca una “feria internacional de las familias” (espacio donde las asociaciones, movimientos y organizaciones familiares muestran su identidad y sus actividades), un congreso teológico, un “rosario de la familia” (escenificación a cargo de niños), un encuentro testimonial (experiencias de familias de distintos países) y la eucaristía solemne con el Papa.
En fin, todo esto para explicar por qué en este número dedicamos dieciséis páginas a Familias Nuevas, que tendrá una importante presencia en Valencia. La familia lo requiere. Unas palabras de Benedicto XVI a la última asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia, el 13 de mayo pasado, vienen muy bien al caso: «Amplias áreas del mundo están sufriendo el así llamado “invierno demográfico”, con el consiguiente envejecimiento progresivo de la población. En ocasiones, las familias se ven amenazadas por el miedo ante la vida, la paternidad y la maternidad. Es necesario volverles a dar confianza para que puedan seguir cumpliendo su noble misión de procrear en el amor».
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