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[ E d i t o r i a l ]

[ Comunicar la verdad ]
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Hace cuarenta años el Concilio Vaticano II fijó en el calendario anual una jornada para reflexinar sobre las comunicaciones sociales. Este año ha sido el 28 de mayo. Aunque en la instrucción pastoral Inter Mirifica del Concilio todavía no se preveía la mirada profética sobre el fenómeno de las comunicaciones, que aparecería en Communio et progressio y en el magisterio pontificio posterior, sin enbargo ya se apuntaba un juicio a la vez crítico y alentador sobre los medios de comunicación social. Atendiendo a la milenaria sabiduría de la Iglesia y a la función “iluminadora” que en ella se le atribuye al Espíritu Santo, sólo una acción de éste puede explicar que en 1966 se viese con tanta claridad la necesiad de salir al paso del habitual desconcierto al que hoy nos tienen sometidos los medios de comunicación. Bien es verdad que ya se habían registrado clamorosos ejemplos de manipulación mediática, pero lo de hoy es distinto, es relativismo informativo. Y cuando impera el relativismo, lo que reclaman las conciencias es que se les comunique “la” verdad.
La inmediatez de las comunicaciones modernas posibilita una capacidad de reacción que antes nunca se había experimentado, tanto para lo bueno como para lo malo. Esta moderna “dinamita” produce los efectos que su manipulador quiera producir. Los medios de comunicación pueden ser un instrumento que facilite la cohesión social, pero también la división. Pueden propiciar una opinión favorable sobre los problemas ajenos, pero también contraria. Pueden arrojar luz sobre las tramas que se urden a nuestro alrededor, pero también pueden proyectar sombra. ¿Por qué se ha debilitado el sentido social de la comunicación, que está en su misma naturaleza, y en cambio prima el interés económico y la superficialidad? Sencillamente porque iluminar las conciencias, formar opinión y crear pensamiento no es tarea fácil ni neutra.
En un discurso al Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales (17/3/2006), señala el papa que hoy se requieren “principios, valentía y decisión”. Las comunicaciones y sus operadores se han convertido en un “oscuro objeto del deseo” para los grupos de presión, especialmente los que gobiernan, de modo que los comunicadores necesitan desarrollar la clara conciencia de que están al servicio de la verdad.
Valores éticos es lo que recomendó Juan Pablo II a los periodistas que acudieron al Jubileo de los Periodistas del año 2000, para ejercer una tarea en ciertomodo “sagrada”, porque se les encomienda “los poderosos medios de comunicación para el bien de todos, en particular para el de las capas más débiles de la sociedad”. “No se puede escribir o emitir –añadía– sólo en función del índice de audiencia, a despecho de servicios verdaderamente formativos. Ni tampoco se puede recurrir al derecho indiscriminado de información, sin tener en cuenta los demás derechos de la persona”. Ardua tarea. No es fácil la objetividad cuando se es juez y parte, cuando se percibe al inmigrante como alguien que me puede quitar el trabajo, cuando se presenta al contrincante como enemmigo o se califica de ignorante al adversario... quizás por eso ha de ser “sagrada” (separada) la tarea del periodista.
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