|
[ E s p i r i t u a l i d a d d e l a U n i d a d ]

[ El camino se hace... ]
|
Vivimos en la época de la globalización, y los medios de comunicación desempeñan un papel fundamental. De hecho, hoy se habla de una “sociedad de la información” que envuelve todo el planeta. Es una perspectiva muy interesante que requiere un esfuerzo por parte de todos, sin excluir a nadie, para entablar el diálogo entre personas, entre estados, entre culturas, entre religiones...
Justo en esta época ha enviado Dios el carisma de la unidad para ayudar a realizar la última oración de Jesús: “que todos sean una sola cosa”. Y entre las primeras iniciativas que surgieron de este carisma está precisamente su órgano de expresión, que vio la luz en el año 1956, hace ya cincuenta años. Nos referimos evidentemente a la edición italiana, Città Nuova, a la cual le han ido sucediendo el resto de ediciones. La nuestra tiene dos años menos.
¿Cómo no recordar aquellos modestos primeros números que salían a ciclostil y que los lectores esperaban con impaciencia? Era el periódico de los “habitantes” de aquellas primeras Mariápolis que se llevaban a cabo al norte de Italia, en el valle de Primiero. Luego la modesta publicación fue adquiriendo cuerpo y formato de revista y al cabo de pocos años ya se editaba en varios países. Hoy se publica en treinta y siete ediciones de distinta periodicidad, en veintidós lenguas y en los cinco continentes. Es decir, también Ciudad Nueva ha entrado en el proceso de globalización, y en cierto sentido se ha adelantado.
Nadie mejor que el Espíritu Santo sabe las necesidades, inquietudes y problemas de la humanidad, ni conoce mejor los designios de Dios para ella. Y, puesto que el carisma de los Focolares viene del Espíritu Santo –y así lo ha reconocido la Iglesia por boca de los últimos cinco papas–, nuestro deseo es que su órgano sea fiel expresión de ese carisma y sepa dirigirse al mayor número posible de personas.
¿Por qué sigue siendo una publicación “pequeña”? Sin duda porque tiene una fisonomía bien definida y no atiende a las modas pasajeras. No es una revista de evasión, como muchas que hay en los quioscos, sino un órgano de opinión que se ofrece a todo el que quiera compartir de algún modo los ideales de la paz, la justicia, la libertad y la verdad. Unidad, en definitiva.
Ciudad Nueva quiere ser levadura, sal, luz... ¿Y cómo lo hace? En el ámbito religioso difunde y apoya una indicación de la Iglesia que señaló Juan Pablo II en la encíclica Nuovo millennio ineunte: realizar la iglesia-comunión. Por eso insistimos tanto en la “espiritualidad de comunión”. Y en el ámbito social, Ciudad Nueva procura dar una respuesta a la exigencia que más se ha puesto de relieve en todo el mundo, sobre todo a partir del resurgimiento del terrorismo: la fraternidad.
Si nos fijamos en nuestro entorno más cercano, veremos que lo que el ser humano necesita es una “ciudad nueva”, la ciudad de la fraternidad, donde las personas se sientan hermanadas por encima de toda diferencia. Pues bien, eso quiere ser nuestra revista: un instrumento de diálogo en todos los ámbitos, de comunión y de unidad que permita el acceso a la fraternidad.
|
| |