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[ E d i t o r i a l ]

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Sobre la Sociedad de la Información ya hemos hablado en otras ocasiones. Esta vez el motivo nos lo ofrece la cumbre mundial sobre este tema que se llevó a cabo en el mes de noviembre en Túnez (el WSIS 2005, según su sigla en inglés). No es éste el espacio para hacer una descripción del evento, que muchos ya conocerán, pero sí podemos acercarnos a algunas de sus conclusiones.
Para quien no lo conozca, el WSIS es una gran asamblea organizada por la ONU en donde se debate el futuro de las telecomunicaciones. Organismos nacionales e internacionales, gubernamentales y no gubernamentales, además de empresas privadas, se dan cita en este foro para presentar estrategias, productos y proyectos, tratando, evidentemente, de convencer a los demás de la bondad de sus propuestas antes que de su conveniencia. Lo que sí está claro es que nadie tiene el monopolio de nada, y quien se lleva el gato al agua no es el que ofrece lo mejor, sino el que mejor sabe presentarlo.
Una de las paradojas constatadas en esta cumbre es que los que mejor comunican son los países menos desarrollados tecnológicamente. Es como decir que valen tanto las ganas de comunicar y el contenido comunicado como la técnica; y en el Occidente desarrollado, donde sobra tecnología, lo que falta justamente son ganas y contenidos que comunicar. No está de más recordar que la etimología “comunicación” remite al hecho de “poner en común”, “hacer comunidad” o “crear comunión”, expresiones que suenan a religión (y no sólo cristiana); y sin embargo los términos ingleses community y communion están a la orden del día en el ámbito de la tecnología de las comunicaciones.
Otro de los aspectos significativos es la habitual acusación que los moralistas le hacen a esta gente. Dicen que los operadores ICT (Information Communication Technology) están creando un mundo virtual que no tiene nada que ver con la realidad. Pero no es del todo justo, porque para evadirse de la realidad hay otros muchos métodos, y porque el hecho de usar cables y ondas para establecer contacto no le resta entidad a la realidad. Eso sí, el que quiera estar siempre “en las nubes” tiene aquí el campo abonado.
Por si aún no estaba claro, estamos hablando básicamente de ese mundo para algunos misterioso que es internet, que tantos defensores y detractores tiene. Y una de las grandes intrigas sobre la red de redes es su financiación, lo cual significa también control, porque quien paga decide. De hecho es en este punto donde se plantea un delicado problema de justicia para no abrir aún más la enorme brecha entre países ricos y países pobres. A este respecto, el documento final de la cumbre supone, según algunos, una victoria de los intereses americanos, sobre todo por lo que respecta a la protección técnica, pero también es verdad que abre la posibilidad de un mecanismo de control formado por un grupo de países que asegure la independencia de esta moderna tecnología y, sobre todo, que respete los derechos del hombre.
Aún quedan planteados bastantes problemas, no obstante parece que está naciendo de este mundo tecnológico una lógica que se basa en la relación. De hecho uno de los términos más usados en la cumbre ha sido el adjetivo inglés inclusive, que supone precisamente una orientación hacia una sociedad capaz de superar la lógica del poder y la filosofía de la pura tecnología, pues de lo que se trata es de incluir, no de excluir. Un buen auspicio para el futuro.
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