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[ F a m i l i a ]

[ Un modelo vigente ]

Globos, banderines, pegatinas, abanicos, carteles, pancartas... abundante variedad de soportes para el mensaje que querían comunicar los manifestantes del pasado 18 de junio. A punto de iniciar su marcha, desde la cabecera de la manifestación, a la altura de la confluencia de la Gran Vía madrileña con la calle Alcalá, pasando por la Plaza de Cibeles, hasta la Puerta de Alcalá, unos 300 metros de apretada y desenvuelta multitud dispuesta a demostrar que no hay razones suficientes para alterar un modelo que está plenamente vigente. Niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos..., el “universo-familia”, en definitiva, se pone en marcha tras el lema oficial que los ha reunido en una calurosa tarde más juliana que juniana: “La familia sí importa”.

“El que ataca la familia no sabe lo que hace porque no sabe lo que deshace”, reza una discreta pancarta de factura casera. Sorprende esta acertada sentencia: cuánta ignorancia hay detrás de las maniobras políticas cuyo método es sistemáticamente el ataque. Son maniobras mediatizadas por intereses, por tanto parciales, y en consecuencia miopes. De hecho, no se entiende que para combatir la pretendida discriminación de un sector minoritario de la población haya que habilitar la discriminación de un sector mayoritario. Es como si un jardinero centrase todos sus cuidados en el rincón mas pelado del césped descuidando con ello el resto del parque; lo suyo es que preste a cada sector del parque la atención que requiera.

“Venimos con papá y mamá”, otra pancarta de factura casera, más discreta que la anterior, que insiste en la naturalidad del modelo familia. ¿Se imaginan levantarse un día y ver que parte del paisaje ya no es verde sino rojo? Sería muy chocante, sin duda, porque el imaginario colectivo no se cambia de la noche a la mañana, y además alarmante, porque cabría preguntarse si la ciencia-ficción se ha hecho realidad y la mutación genética de la clorofila ya es un hecho. La literatura y el cine ya han previsto este tipo de situaciones y la misma ciencia insiste en querer demostrar que algún día no será necesaria la concepción ni la gestación según hoy las conocemos para “fabricar” vida. Mientras ese hipotético futuro no llegue, ¿por qué poner en tela de juicio el único modelo de resultados seguros?, ¿por qué someter a algunos niños al conflicto discriminatorio (éste sí lo será) de no tener un papá y una mamá, sino dos “pamás” o dos “mapás”? Ciertamente tendrán complejo de “paisaje rojo”.

Una pancarta más: “La familia, santuario de la vida”. No es original, pero merece la pena tomar nota de ella porque viene a recordarnos el carácter sagrado del modelo familia. No hay otro ámbito donde se pueda expresar tanta diversidad y calidad de amores porque no hay otro ámbito compuesto de personas tan dispares, como decíamos al principio. Es en la familia donde la persona aprende desde niño el significado oblativo del amor, que es lo que lo hace sagrado y le permite ir más allá de sus limitadas posibilidades.

Independientemente de los efectos a corto plazo que esta demostración de vigencia de la familia pueda tener en el actual debate sociopolítico, cabe señalar que la primera beneficiaria es la familia misma, porque se ha visto obligada a tomar conciencia de sí misma y se ha dado cuenta de sus posibilidades de incidir en la teatro parlamentario con los instrumentos adecuados. Quizás en este sentido haya que interpretar un lema repetido en muchos carteles: “+ familia, – talante”, que de algún modo pone de relieve que el poder no puede arrogarse el cambiar la sustancia de las cosas, sino limitarse a legislar para el bien de todos los ciudadanos.