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[ P o l í t i c a ]

[ Uniones homosexuales ]

Se ha producido un giro de 180 grados en la consideración que la opinión pública tiene sobre la homosexualidad. Hace pocos años este fenómeno y las personas que manifestaban esta condición, eran considerados como despreciables, objeto de marginación y discriminación, incluso se llegaba a los malos tratos y hasta la penalización, en algunos casos. Hoy se está dando lo contrario. Amplios sectores consideran normal la homosexualidad, como una alternativa legítima a la heterosexualidad.

En algunos países ya se ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. Aquí, el gobierno, con una celeridad sorprendente, sin apenas debate público y sin someterse al dictamen del Consejo General del Poder Judicial, que muchos consideran preceptivo, pues se trata de una medida que afecta a los principios de nuestro ordenamiento jurídico, ha elaborado un anteproyecto de ley que legitimaría las uniones homoxesuales equiparándolas jurídicamente al matrimonio, contra la secular tradición del concepto y de la praxis matrimonial, que hace referencia explícita a “hombre y mujer”, y contra el artículo 44 del vigente Código Civil. Además, se propone reconocerles el derecho a adoptar hijos, sin considerar, como establece el Código Civil, que “la patria potestad se ejercerá siempre en beneficio de los hijos”.

Resulta difícil de entender que nuestra sociedad, contra toda la experiencia de la historia de la humanidad, pretenda vulnerar la estructura de la primera institución social, anterior a toda otra forma jurídica y política. El matrimonio y la familia han sido la base del desarrollo de la cultura y de la civilización y el instrumento único para asegurar la supervivencia de la especie humana, la trasmisión de valores y la educación de los hijos.

La radical infecundidad de la pareja homosexual es lo que la diferencia esencialmente de la institución matrimonial. Sería a lo sumo un “remedo” de un verdadero matrimonio. La homosexualidad no es ningún descubrimiento de la modernidad. Es un fenómeno antiguo, pero nunca antes ha sido asimilado al matrimonio. En ciertas épocas de la historia fue tolerada y aun practicada por famosos personajes, pero era considerada como una coducta diferente de una relación sexual conforme al matrimonio legal. No se trata de un problema de la moral católica, sino más bien una cuestión de carácter antropológico, que afecta a la persona y a la estructura social.

Gran número de expertos en el tema considera que la homosexualidad no es una tendencia congénita, sino consecuencia de los traumas sufridos, incluso desde el seno materno, y que constituye una fuente de sufrimiento psicológico para la persona que la practica. Por eso, muchos psicoterapeutas y diversas organizaciones tratan de ayudar a quienes sienten una atración excluisva, o casi exclusiva, por las personas de su mismo sexo.

Los grupos de interés exageran las cifras de la homosexualidad para presionar a la opinión pública y a los gobiernos a fin de legitimar y equiparar las uniones homosexuales al matrimonio. Las manifestaciones gays pueden dar la errónea impresión de un fenómeno de grandes dimensiones, amplificado además por los medios de comunicación. Pero ciertamente son un número pequeño al lado de las personas heterosexuales.

La cuestión se torna más peliaguda si además se pretende introducir en la escuela una materia de educación sexual que presente la homosexualidad como una alternativa a la heterosexualidad, con la previsible consecuencia de llevar a confusión y a la falta de identidad sexual a niños y adolescentes.

Más que publicidad, las personas homoxesuales requieren del resto de la sociedad comprensión, respeto y amor. Y en cualquier caso, el tema es tan importante que merece un amplio debate público, antes de tomar medidas de carácter legal.