|
[ P o l í t i c a ]

[ Cambio de gobierno ]
Nunca sabremos con plena certeza la influencia que haya podido tener en los resultados electorales del pasado 14 de marzo el gravísimo atentado terrorista que asoló Madrid tres días antes. Todos los analistas coinciden en que ha tenido un influjo determinante. El hecho cierto es que muy pocos esperaban un resultado como el que finalmente se dio. Probablemente en el inconsciente de muchos se asoció de algún modo el terrorismo extremista de Al-Qaeda con el apoyo significativo del presidente anterior, José Mª Aznar, a la guerra de Irak, dejando a éste en una situación bastante difícil, pues para un elevado número de votantes tal apoyo podría haber motivado el ansia de venganza de los terroristas contra tantas personas inocentes.
Los resultados electorales dieron un vuelco a todas las previsiones, y el líder socialista, José Luís Rodríguez Zapatero, salió vencedor en las votaciones con una holgada mayoría que, previsiblemente, le permitirá gobernar con bastante comodidad, sin necesidad, incluso, de pactos de legislatura, toda vez que sus propuestas legislativas y de gobierno podrán ser apoyadas puntualmente por la derecha e izquierda de su espectro político, según le convengan.
En la misma noche electoral Zapatero prometió “gobernar para todos y con humildad”, llevando adelante un “cambio tranquilo”, y a actuar “con diálogo, responsabilidad y transparencia, por la cohesión, la concordia y la paz”, palabras que hay que valorar positivamente. Dentro del margen de confianza que se debe dar a la labor de todo nuevo gobierno, el talante mostrado con dicho mensaje es digno de encomio. Tiempo habrá para comprobar si dicho estilo se corresponde con la realidad o es mera retórica política, habitual tras un triunfo en los comicios. Para empezar no está nada mal. Desde estas páginas siempre hemos defendido el diálogo como instrumento de acción política, donde es tan importante y necesaria la labor de los partidos políticos que sustentan el gobierno como la de los que hacen la oposición. Por tanto, la coherencia y fidelidad al compromiso de diálogo nos parece que puede ser una cuestión de suma importancia.
El partido socialista lleva numerosas propuestas en su programa. Se podrá estar más o menos de acuerdo con ellas, pero si, como se ha anunciado, tiende la mano al adversario político, podría recuperarse el ánimo de acuerdo que ya vertebró, en el período constitucional, la sociedad española. No hay que ocultar que algunas promesas pueden resultar enormemente preocupantes, como las que afectan al derecho a la vida (léase ley de plazos en materia de aborto o experimentación con embriones), al derecho a contraer matrimonio y fundar una familia, a la exclusión de la enseñanza religiosa en la escuela, y otras. Pero un espíritu de diálogo y concordia en la acción política probablemente ayudaría a acercar posturas, sin que esto suponga, ni mucho menos, transigir en la defensa de los derechos fundamentales de la persona para llegar a una postura “equidistante”.
Por último, un hecho importante y positivo, nos parece, es que entre las propuestas de Zapatero está el diálogo ofrecido a las Comunidades Autónomas para estudiar y reformar, si fuese necesario, los distintos Estatutos, ya sea en lo que se refiere a la vertebración del Estado, ya sea en materia de financiación. Es un camino cuajado de obstáculos que conviene allanar.
|
| |