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[ P o l í t i c a ]

 

[ La Europa que sucederá a Europa ]

Aunque algunos calificaron de fracaso la Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea en Roma, en realidad pocos lo quieren admitir. Pero el hecho es que las discrepancias que los ilustres invitados pusieron sobre el tapete, antes de firmar nada, dieron lugar a un acuerdo que no daba ni un sólo paso adelante, a no ser la convicción de que en los meses que aún quedaban llegarían a un compromiso par firmar la Constitución.

La verdad es que se está hablando demasiado del rechazo de la mayoría de los países europeos, capitaneados por Francia, a la propuesta de incluir en la Constitución una referencia explícita a las raíces judeocristianas de Europa. En cambio se habla bastante menos de las diferencias, que las hay, sobre otras muchas cuestiones, algunas de las cuales no son nada marginales.

En aquella conferencia participaron también los diez países que se incorporarán a la Unión el primero de mayo y que se sienten discriminados porque no estarán representados permanentemente por un comisario propio, sino mediante un sistema de rotación. Algunos también quieren volver a discutir el reparto de escaños en el Parlamento Europeo, o el estatus del Consejo, o la propuesta de un presidente fijo...

España y Polonia contestan la nueva distribución de escaños, pues da más peso a los países más poblados. Escandinavos, polacos, españoles y británicos ponen algunas objeciones al sistema de defensa europeo y no aceptan que algunos países avancen por la vía de la integración a más velocidad que otros. En síntesis, sólo los países fundadores están más o menos de acuerdo en casi todo.

En este panorama de pequeños egoísmos, las propuestas con más perspectiva parecen las del presidente de la Comisión, Prodi, en parte compartidas por el Parlamento, que acepta el texto de la Convención, en cuanto que supone un paso adelante, aunque sea susceptible de mejoras. Pero deja entrever un equilibrio de poderes en el vértice de la Unión, más democrático, empezando por la extensión del voto a la mayoría. Es obvio que esperar que haya unanimidad entre los 25 supondrá en la práctica, y con frecuencia, inmovilidad.

Veremos al final cuál es el verdadero interés de cada país, pero desde luego, aunque la Unión Europea tal y como es hoy no es una realidad perfecta, siempre se podrá mejorar y no cabe duda de que es la envidia de medio mundo.

No hay que tener demasiada prisa en crecer en todas las direcciones, sólo porque así tendremos un mercado más vasto. La unidad entre unos países que han renunciado a una parte de su soberanía para compartirla con otros debe ir creciendo poco a poco, armoniosamente, si no, esa porción de poder que cada uno delega en una autoridad supranacional será acaparada por otros poderes, especialmente el económico, e impondrán sus propias leyes.