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[ P o l í t i c a ]

 

[ Lula y el G8 ]

A primeros de junio tenía lugar en Evian (Francia) la cumbre del G8 (Estados Unidos, Canadá, Alemania, Italia, Francia, Reino Unido, Japón y Rusia). Las diferencias de posición adoptada por los miembros en el conflicto de Irak anunciaban un curso difícil de la reunión, por ello se considera que el resultado fundamental de la cumbre ha sido calmar las tensiones.

Quizás por eso se ha prestado menos atención a la invitación cursada por el presidente anfitrión, Jacques Chirac, a algunos países en vías de desarrollo. Queremos ver en este gesto algo más que mera estrategia de imagen para combatir las manifestaciones antiglobalización, que también en esta ocasión han acaparado su cuota de pantalla. Queremos ver que los países ricos comparten cada vez más la convicción de que un desarrollo global equilibrado y estable no es posible, si no se reducen las diferencias abismales entre Norte y Sur y, por consiguiente, se ayuda a resolver el problema de la pobreza y el hambre de unos dos mil millones de personas en todo el mundo.

El tema apremiante de la agenda era el de reaviviar una economía global que se debate al borde de la recesión, cuyos datos más sintomáticos son el déficit estructural, los índices crecientes de desempleo, la disminución de confianza de los consumidores y el bajo crecimiento económico. En el ámbito de la salud, protagonizado por los flagelos del SIDA y el SARS, se habló de la necesidad de facilitar medicinas baratas al Tercer Mundo, aumentar la producción interna en esos países y transferir tecnología. Pero la postura de las grandes empresas farmacéuticas no facilita la solución al problema y sólo se consiguió un débil “compromiso voluntario a largo plazo” por parte de las empresas para sumistrar medicinas esenciales. Sabido es que producir mecidinas genéricas es mucho más barato que sus equivalentes con marca registrada, cuya venta genera ingresos que fluyen hacia las empresas farmacéuticas de los países ricos.

Otras cuestiones planteadas han sido: el acceso sin discriminaciones proteccionistas a los mercados de los países industrializados, el terrorismo, la no proliferación de armas de destrucción masiva y el control del tráfico de armas, la recuperación de Irak, la preocupación medioambiental y, por último, la duración de algunos conflictos bélicos y el acceso a los recursos naturales, fuente de dichos conflictos, ligada al del tráfico de armas.

En su conjunto, no han sido muy positivos los resultados de la cumbre. No se han adoptado medidas eficaces, sino sólo promesas. No ha aumentado la ayuda directa al desarrollo de África, ni se ha reducido la deuda externa del continente. No se está cumpliendo la meta fijada por la ONU del 0,7% del PIB para ayudar al desarrollo. Sólo Chirac prometió que Francia llegaría al 0,5% en 2007, que en la actualidad es del 0,32%.

Los textos aprobados no son más que recomendaciones: una declaración dirigida a Irán y Corea del Norte para que frenen sus políticas de armamento nuclear; la creación de un “grupo de acción contra el terrorismo” que coordine las políticas de lucha antiterrorista; un “plan de acción de salud” que muchos consideran condenado al fracaso porque no propone soluciones estructurales para garantizar el abastecimiento de medicinas... En resumen, hemos perdido otra ocasión para abordar los problemas sociales del mundo con realismo y eficacia, debido al egoísmo de los poderosos.

Una voz singular en este concierto ha sido la de un invitado, el presidente de Brasil, que en el momento de redactar estas líneas acaba de ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias. Luiz Inácio da Silva, “Lula”, que ha adoptado una actitud decidida y realista ante los problemas económicos y sociales de su país, tuvo una intervención seria y responsable en esta cumbre. Empezó por afirmar la necesidad de diálogo entre países ricos y países en vías de desarrollo, basándose en que no habrá desarrollo económico sin una base social, y la situación social del mundo propicia los resentimientos y la criminalidad, en especial el narcotráfico y terrorismo. Afirma Lula que hacen falta acciones colectivas, responsables y solidarias para superar las condiciones en que se encuentra gran parte de la población del planeta. Hay que afrontar el hambre con medidas de emergencia y estructurales, y es necesario poder acceder sin discriminaciones a los mercados de los países ricos. Según la experiencia contemporánea, el desarrollo se produce a partir de profundas reformas sociales. De ahí la necesidad de soluciones estructurales en la economía mundial. «Esperamos –dijo– coherencia de nuestros socios más ricos». Lula ha propuesto la creación de un fondo mundial para combatir el hambre, abastecido sea tanto por una tasa al comercio internacional de armas, como por unos mecanismos estimuladores para que los países ricos reinviertan un procentaje de los intereses que pagan los pobres por la deuda externa.

Según Lula, la multilateralidad en el plano de las realciones internacionales es un avance comparable al de la democracia en el ámbito nacional y, «Para que este encuentro inédito de Evian atienda a los anhelos legítimos de nuestros pueblos, tenemos que demostrar, sobre todo, determinación en el combate a las dificultades sociales». Con estas palabras cerró su discurso.