He escrito este artículo con mi varita mágica de madera de cedro, que tiene alma de nervio de corazón de dragón. La poseo porque estoy inscrito en la escuela para magos y brujas de Howarts, asignado a la casa de Gryffindor. El que quiera conseguirla basta que abra la página Web oficial de Harry Potter y se sume al nutrido grupo que espera con impaciencia la publicación de la quinta novela de J. R. Rowling. Los demás seguirán siendo “muggles” –en lenguaje potteriano, los que no son magos–, como la mayoría de los colaboradores de Ciudad Nueva. No obstante esta peculiaridad mía, el artículo está escrito con rigurosa objetividad profesional.
La historia de Joanne Kathleen Rowling es de por sí una fábula. Se inventó a Harry Potter en un difícil momento de su vida y acabó su primer libro, Harry Potter y la piedra filosofal, cuando ya estaba separada de su marido y vivía a expensas de la asistencia pública inglesa. Jugaba con su niña hasta que se dormía y después corría a la mesa de un café para escribir, abusando de la benevolencia de sus dueños, que ahora se ven compensados al decir: «Aquí se escribió Harry Potter». En aquellas difíciles condiciones, J. K. Rowling podía haber arrojado la toalla, o bien escribir basura, pues hay mucha en circulación e increíblemente no faltan quien la edite. En cambio ha tenido el coraje de seguir su vocación recóndita, la pasión por escribir.
Las cuatro novelas publicadas hasta ahora tienen por protagonista al joven mago con gafas y giran en torno a una idea fundamental, expresada por el director de Hogwarts: «Son las opciones que hacemos lo que demuestra lo que verdaderamente somos, Harry, mucho más que nuestras capacidades». Las aventuras de Harry Potter están ambientadas en el mundo de los magos, una sociedad paralela que se mantiene oculta a los ojos de los hombres. Las capacidades mágicas son un don que, inexplicablemente, algunos reciben al nacer, aunque quizás no lo descubran hasta después de unos años. Y no sólo las reciben lo hijos de los magos y las brujas, sino algunos de familia de “muggles”, como Hermione Granger.
En cuanto a Harry, su infancia fue difícil, según la tradición inglesa a lo “Oliver Twist”. Sus padres fueron asesinados por Voldemort, un mago perverso, ebrio de poder, que había impuesto el terror en el mundo de los magos. Mató al padre de Harry, pero cuando lanzó la luz verde de la muerte contra la madre, ésta, en un acto de amor extremo, protegió al hijo. Murió pero su amor inutilizó los poderes de Voldemort y salvó la vida del niño, que incluso absorbió algunos poderes de Voldemort. A Harry le quedó en la frente una cicatriz en forma de rayo, y el niño de la cicatriz se convirtió en leyenda, símbolo de la liberación de la dictadura de Voldemort. Este episodio sirve de eje a todas las vicisitudes que poco a poco se dan a conocer a los lectores, y transmite el núcleo de la “filosofía” de Rowling: Voldemort no ha sido derrotado por un mago más poderoso, sino por el amor de una madre, porque el amor es más fuerte que el mal.
Harry crece con sus tíos, una familia de “muggles”, aterrorizados con la idea de que el pequeño tenga los poderes que sus padres y llegue a descubrirlos; aterrorizados, en realidad, con todo lo que se sale de la “normalidad” plana y conformista en que viven. Pero Harry lleva un signo de su destino, que antes o después llamará a la puerta. Y el lector que se identifica con él es invitado a comprender que, en el fondo, nadie es “normal”, que todos somos especiales y cada uno debe encontrar su propio camino y cumplir su misión.
La “vocación” de Harry se va aclarando a medida que Voldemort, que trata continuamente de recuperar sus poderes perdidos, dirige sus ataques contra Harry. Pero éste no es un solitario, aunque en los momentos culminantes debe experimentar la soledad, y goza de la amistad de Ron y Hermione; una relación verdadera, puesta a prueba, que siempre sale vencedora de las dificultades. Esta amistad es sintomática de la capacidad que tiene Rowling para captar lo esencial, como expresa este comentario suyo recogido por Linsay Fraser: «Probablemente, mi pintura preferida es “La cena de Emaús”, de Caravaggio, en la que Jesús se revela a sus discípulos después de la resurrección. Jesús tiene un aspecto dulce y agradable, y el cuadro captura el momento exacto en que los discípulos comprenden quién es el hombre que bendice su pan».
El mundo mágico tras la caída de Voldemort es una extraordinaria metáfora de la sociedad humana. El final del conflicto ha estado marcado por procesos más o menos sumarios a los arrepentidos que, en el ansia por disculparse, han acusado a justos y pecadores. El post-Voldemort es un extraordinario panorama de héroes verdaderos, de delatores, de auténticos arrepentidos y de arrepentidos falsos que esperar la ocasión de rehacerse, demasiado ricos y conocidos como para ser castigados, como Lucius Malfoy.
Extraordinaria la figura de Severus Snape, acogido por Albus Dumbledore como profesor de “pociones”. Después de dejarse engañar por Voldemort, se alejó de él con riesgo de su vida, demostrando así su buena fe. El personaje de Snape ayuda a comprender la presencia conjunta del bien y el mal en las personas y la sociedad, a darse cuenta de que es posible equivocarse y luego dar marcha atrás para volver a empezar, sobre todo si encontramos a alguien que nos ofrece otra posibilidad.
O bien la figura del profesor Lupin, que de muchacho fue acogido en Hogwarts, pese a que una semana al mes se transforma a su pesar en hombre-lobo. Y sus amigos aprenden incluso a transformarse en animales para velar por él durante sus crisis: «Lupin, que aparece en el tercer libro –explica la autora–, es uno de mis personajes preferidos. Es una persona que ha sufrido daños tanto literalmente como metafóricamente. Creo que es importante que los niños entiendan que también los adultos tienen sus problemas y deben luchar. Ser un licántropo es verdaderamente una metáfora de la reacción de la gente ante la enfermedad o las minusvalías».
La saga de Harry Potter no es una exaltación de la magia, sino de la humanidad que la usa, como podría usar cualquier otro medio. De hecho, la eficacia de la magia es proporcional a la capacidad de autodominio, de permanecer fieles a valores como la amistad, la confianza, la fidelidad. Las vicisitudes dependen por completo de las decisiones de los personajes, no están en manos de ningún “Fatum” ineludible. Por el contrario, cada uno tiene una misión que cumplir, que requiere sacrificio y capacidad para seguir la propia vocación. El estilo de Rowling no es meloso. Explica al lector que el mal existe, que atrae a quien tiene sed de poder y lo usa como un fin en sí mismo. Y pone en evidencia el vínculo –que en la vida real encontramos tantas veces– entre el deseo de poder y la servil sumisión a Voldemort. Es la paradoja de la prisión en la que se debate el que ha renunciado a la libertad del bien.
El segundo film sobre Harry Potter ha sido criticado porque algunas escenas dan miedo. Ciertamente no es aconsejable para niños muy pequeños, aunque sigue siendo para niños, pero no es una película que se complazca en el terror. Respeta la novela que, mediante una fábula, pone a los jóvenes lectores ante la realidad, y en la realidad también está el mal, y el mal da miedo. Pero no se queda sin vía de escape, porque indica la forma de superar el mal en nosotros y en lo demás. A mí me parecen más terroríficos Caperucita Roja o Blancanieves, cuyos protagonistas son derrotados por el mal y liberados o salvados por otros. En Harry Potter, en cambio, cada personaje debe elegir, y es lo que es porque así lo quiere.
En las novelas de la Rowling no hay referencias a la religión, y está bien, porque es un cuento, es fantasía, mientras que la religión es realidad, y no hay que mezclar ambas cosas. Con todo, en una sociedad casi completamente secularizada, los libros de Rowling proponen valores humanos que la religión no puede dejar de compartir, e invitan a reflexionar sobre la aportación específica que la religión ofrece.
P.S.: Dejando a un lado la profesión, ¿no habrá algún lector que tenga repetido el cromo 29, “Hagrid compra repelente para las babosas carnívoras”?