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[ E c o n o m í a ]

[ La vivienda, urgente problema social ]
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Desde el punto de vista social, el problema de la vivienda
urbana es una de las cuestiones más graves y urgentes que se plantea en España. ¿De
qué sirve subirle el sueldo en cuatro o cinco puntos a un trabajador, si no tiene
resuelto ese problema? La política de vivienda que se practica en España, por lo menos
desde 1980, está dando resultados negativos. Según datos hechos públicos, desde ese
año el precio de la vivienda ha subido un 726% en términos nominales, y un 124% en
términos reales. En esto hemos superado en 6,5 veces a la media de los 13 países más
ricos del mundo.
Y, sin embargo, después de la
alimentación y el vestido, la vivienda es una necesidad básica de la persona. Sería
irreal pretender un desarrollo de la familia, si no está resuelto el problema de la
vivienda, que es como su espacio vital, en frase de un papa moderno.
En los años anteriores a la guerra civil, la vivienda urbana
era en general asequible, aunque a veces las condiciones de higiene y habitabilidad de
algunas viviendas y algunos barrios eran bastante precarias. El ahorro de la clase
media-alta se orientaba en muchos casos a la inversión en vivienda urbana, que aunque
tenía una rentabilidad modesta, era segura y sin oscilaciones.
La hecatombe de la guerra trajo, entre otras consecuencias,
una escasez de vivienda urbana, coincidiendo con la migración masiva de la población
rural a las ciudades. El legislador de entonces intentó paliar la situación congelando
los alquileres urbanos, protegiendo al arrendatario frente al propietario. Aquellas
medidas, que podían justificarse en esas circunstancias, se prolongaron demasiado y,
entre otras consecuencias, desviaron el ahorro que la clase media orientaba a la vivienda
urbana. Y así se abrió el campo a la especulación inmobiliaria, que generó uno de los
grandes negocios de la postguerra, con la complicidad hay que decirlo de
muchos ayuntamientos.
El hecho es que escasean las viviendas a consecuencia de la
subida de precio de los solares urbanos, amén de otros factores. Por otra parte, se ha
difundido la adquisición en propiedad de la vivienda urbana, hasta el punto que de los 19
millones de viviendas que se calcula existen en España, sólo el 13% son viviendas de
alquiler. La especulación ha sido una de las causas decisivas para que el coste de la
vivienda haya subido hasta el 35% y aún el 50%, cuando según cálculos razonables sólo
debe representar un 25% del coste total.
No sólo ha faltado una política de estado sobre la
vivienda, sino también una política municipal. Los municipios podrían haber paliado el
problema adquiriendo terrenos rústicos, antes de urbanizarlos, e incluso adquiriendo la
propiedad de viviendas populares para ofrecerlas en arrendamiento. Resulta difícil de
explicar, además, que los sindicatos, que deben preocupase de los trabajadores, en
general no hayan ejercido ninguna influencia en este sentido. No sólo, sino que cuando se
han puesto a construir viviendas, se ha dado algún caso de grave fraude.
Habría que encarar el futuro con un sentido realista,
promoviendo la construcción de viviendas asequibles para las rentas modestas y
favoreciendo la vivienda de alquiler, que evita la congelación de capitales modestos y
facilita la solución del problema; y mucho más considerando las corrientes migratorias
que están penetrando en España.
Algunos han apuntado como solución al problema el ejercicio
del derecho real de superficie, que se limita al uso y disfrute del espacio de la vivienda
y descuenta el precio del suelo del coste de la misma y, en la práctica, sus titulares
pueden inscribirlo en el Registro de la Propiedad y transmitirlo a sus herederos a precios
mucho más asequibles que el derecho de propiedad.
La familia, y en especial la familia trabajadora y los nuevos
matrimonios, necesitan urgentemente políticas realistas de la vivienda urbana que
faciliten su desarrollo económico y no condicionen su futuro.
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