| El Consejo
Pontificio para las Comunicaciones Sociales ha publicado para esta ocasión dos
importantes documentos: Ética en Internet e Iglesia e Internet,
que engrosan dos colecciones de gran predicamento publicadas durante este pontificado, una
de ámbito tanto académico como práctico sobre la ética y la deontología comunicativas
(Ética en la publicidad, de 1977, y Ética en las comunicaciones
sociales, de 2000), y otra en el ámbito de la incidencia mediática en la acción
pastoral (Pornografía y violencia en las comunicaciones sociales: una respuesta
pastoral, de 1989, Criterios de colaboración ecuménica e interreligiosa en
las comunicaciones sociales, de 1989, y Aetatis Nova, de 1992). Estos documentos,
especialmente los de este año, constituyen un aggiornamento del Magisterio de la Iglesia
ante los nuevos retos éticos, jurídicos, educativos, psicológicos, sociales,
culturales, económicos, etc. Resulta, pues, muy actual la prontitud, la creatividad y la
audacia con que la Iglesia especialmente en los países en vías de desarrollo, como
demuestra la RIIAL (Red Informática de la Iglesia en América Latina) ha sabido
estar presente en este nuevo medio de comunicación social, tal vez el único medio
moderno al que la Iglesia no ha llegado tarde. La presencia de las instituciones, grupos,
experiencias e iniciativas eclesiales en Internet no es sólo misionera por su cantidad y
calidad, sino que es un gran testimonio de la Iglesia una. Una en su pluralidad, una en su
comunión.
Y esto tiene que ver
con el hecho de que, aunque la estructura de la Red permite establecer vínculos sencilla
y rápidamente, su gran inconveniente es la dispersión. La razón es muy sencilla: la
relación de afecto y confianza tienen que existir antes para que una página
remita a otra.
Se ha dicho que la
Iglesia puede ofrecer contenidos a Internet, y ésa es una gran oportunidad. Es verdad,
pero no sólo. También puede ofrecer la globalización que Cristo mismo propuso, que es
la comunión universal. Internet es una gran ventana en la que verificar aquello de
en eso conocerán que sois mis discípulos. El uso de los enlaces en la Red
entre páginas eclesiales permitirá que, si un internatua da con una web eclesial, pueda
empezar un recorrido prácticamente interminable, pues debería poder enlazar con todas y
cada una de las páginas eclesiales existentes en la Red, que seguramente son cientos de
miles. Se encontrará ante un colorido y floreciente jardín donde la vida nueva, la
sabiduría milenaria, la novedad del Evangelio son perfectamente reconocibles e
irresistiblemente atractivas.
Un nuevo foro
para el Evangelio
En el mensaje para
esta Jornada, Juan Pablo II afronta con realismo y confianza los desafíos y
las oportunidades, no ya de su implantación, sino de la nueva cultura que comporta
Internet: globalización, transmisión y expresión de la cultura. Y se remonta a
Pentecostés. Desde aquel día, si ha habido alguien que haya querido difundir un mensaje
unívoco y permanente en todas las lenguas y a todos los lugares del mundo ha sido la
Iglesia, que ha sabido afrontar a lo largo de los siglos todos los retos de la historia:
«la era de los grandes descubrimientos, el Renacimiento y la invención de la imprenta,
la Revolución Industrial y el nacimiento del mundo moderno». Y a la misma altura que
esos retos sitúa el Papa el reto de las nuevas formas de comunicación, sobre todo
Internet.
Le agrada a Juan
Pablo II ya lo hizo en la encíclica Redemtoris Missio comparar el
ciberespacio con el antiguo foro romano, en cuanto lugar comunicativo donde no sólo se
refleja la cultura del ambiente, sino que también crea una cultura propia. Este nuevo
foro es «una llamada a la gran aventura de usar su potencial para proclamar el mensaje
evangélico. Este desafío está en el centro de lo que significa, al comienzo del
milenio, seguir el mandato del Señor de remar mar adentro». Su potencial para «la
información, documentación, y educación sobre la Iglesia, su historia y su tradición,
su doctrina y su compromiso en todos los campos», ofrece, sobre todo a los jóvenes, una
ventana abierta «para pasar del mundo virtual del ciberespacio al mundo real de la
comunidad cristiana«. «Por tanto concluye es evidente que, aunque Internet
no puede suplir la profunda experiencia de Dios que sólo puede brindar la vida litúrgica
y sacramental de la Iglesia, sí puede proporcionar un suplemento y un apoyo únicos para
preparar el encuentro con Cristo en la comunidad y sostener a los nuevos creyentes en el
camino de fe que comienza entonces».
De
evangelizar por Internet a evangelizar Internet
Se puede evangelizar
a través de Internet, pero ¿se puede y se debe evangelizar Internet? El aspecto más
novedoso del magisterio del Papa sobre la comunicación social consiste en que no basta
usar los medios «para difundir el mensaje cristiano y el Magisterio de la Iglesia, sino
que conviene integrar el mensaje mismo en esta nueva cultura creada por la comunicación
moderna» (Redemtoris Missio, nº 37).
El actual desarrollo
de la cultura internáutica, además de los graves perjuicios éticos en su uso y el
vacío jurídico a la hora de proteger la dignidad humana, ofrecer un flujo efímero de
información de «lo tangible, útil e inmediatamente asequible», y no un flujo de
valores. Esto suscita al menos tres grandes interrogantes «vinculados íntimamente con la
misión evangelizadora de la Iglesia»:
1.- Dado el gran
contraste entre la sabiduría como «mirada contemplativa sobre el mundo» y la mera
acumulación de datos, ¿cómo hemos de cultivar la sabiduría, que no viene de la
información, sino de la visión profunda, la sabiduría que comprende la diferencia entre
lo correcto y lo incorrecto y sostiene la escala de valores que surge de esta diferencia?
2.- No cabe duda de
que la revolución electrónica entraña la promesa de grandes avances con vistas al
desarrollo mundial; pero existe también la posibilidad de que agrave las desigualdades
existentes al ensanchar la brecha de la información. ¿Cómo podemos asegurar que la
revolución de la información y las comunicaciones, que tiene en Internet su primer
motor, promueva la globalización del desarrollo y de la solidaridad del hombre?
3.- ¿Cómo
garantizar que este magnífico instrumento, concebido en el ámbito de operaciones
militares, contribuya ahora a la causa de la paz? ¿Puede fomentar la cultura del
diálogo, de la participación, de la solidaridad y de la reconciliación, sin la cual la
paz no puede florecer?
El gran reto para que
este medio se trata de un medio, no de un fin en sí mismo sirva a la
evangelización, pasa por la misma evangelización de Internet. Y viceversa, sólo
haciendo que en su «galaxia de imágenes y sonidos» aparezca el rostro de Cristo,
podemos evangelizar dicha galaxia: «Sólo cuando se vea su rostro y se oiga su voz el
mundo conocerá la buena nueva de nuestra redención. Esta es la finalidad de la
evangelización. Y esto es lo que convertirá Internet en un espacio auténticamente
humano, puesto que si no hay lugar para Cristo, tampoco hay lugar para el hombre».
A partir de este
postulado, las concomitancias entre la Iglesia y la Red resultan inabarcables. Como apunta
la profesora María Dolores de Miguel, «navegar por la Red fascina y seduce porque es un
proceso de búsqueda y de explotación interactiva. Y podría convertirse en parábola del
camino de fe: como el cibernauta, así también el peregrino busca y explora. Llegar a
descubrir al Señor y seguirle es un largo camino de fe interconectado, de búsqueda
apasionada junto con los compañeros de camino en la larga marcha de la vida».
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