| Grandes celebraciones para unos y grandes
desilusiones para otros. Siempre ha sido así cuando los resultados de una jornada
electoral arrojan un claro vencedor, porque el juego democrático, no lo olvidemos, tiene
esa neta componente agonística propia de toda competición: se requiere un vencedor y
unos perdedores. Las elecciones vascas
del pasado 13 de mayo tuvieron un claro vencedor en el candidato de la coalición PNV/EA,
Juan José Ibarretxe, que obtuvo los mejores resultados desde que vivimos en democracia.
Sólo en 1984, antes de la escisión de EA, el PNV logró 32 de los 75 escaños del
Parlamento Vasco, uno menos que esta vez, en que los dos partidos nacionalistas se han
presentado en coalición y han tenido el apoyo de 599.746 votantes (42,7%). En buena
lógica agonística, las demás candidaturas han sido perdedoras, especialmente la del PP,
que había hecho una fuerte apuesta de cambio político con la figura de Jaime Mayor
Oreja.
Pero demos un repaso a las cifras. Las elecciones
del día 13 registraron el porcentaje de participación más alto que se ha dado en
Euskadi: un 79,9%. Nunca se había llegado al 70%. Es decir, sólo unos 364.400 vascos con
derecho a voto prefirieron no dar su opinión. En 1998, con un censo ligeramente superior,
se habían abstenido más de 548.000 (69,9%). Y esto, de por sí, considerando el clima de
tensión que aquí se vive, es un dato muy alentador que sitúa en el podio de los
vencedores al conjunto del pueblo vasco.
En cuanto a las fuerzas políticas
perdedoras, la coalición PP/UA también ha obtenido el mejor resultado de su
historia: 19 escaños, uno más de los que sumaban los dos partidos en 1998, gracias al
apoyo de 323.918 votantes (23%). PSE-PSOE ha perdido un escaño (13), si bien obtuvo
30.800 votos más que en 1998, mientras que IU-EB ganaba un escaño (3) y también
votantes.
Quien decididamente ha sufrido un tremendo revés ha
sido la candidatura de Euskal Herritarrok. La pérdida de la mitad de sus escaños (7), el
peor resultado de su historia, supone sobre todo la pérdida de apoyo de un abultado
número de votantes, más de 81.000, y ésta cifra sí que es significativa. Es decir, que
EH, con el 10,1% de los votos emitidos, sólo se ha visto apoyado por 142.784 votantes.
¿A qué viene este baile de cifras? ¿Qué
significado tienen para el futuro de Euskadi? No olvidemos que detrás de cada voto
depositado en una urna electoral está siempre la voluntad de una persona. El posterior
escrutinio de las papeletas es lo que permite aunar voluntades a medida que se van sumando
a una de las candidaturas. Pues bien, si hay que subrayar una voluntad, democráticamente
manifestada el pasado 13 de mayo, es la opción por una convivencia no violenta en
Euskadi. No sólo un número de ciudadanos mayor que nunca han decidido dejar constancia
de ello, sino que un número importante ha cambiado de opinión al respecto. Ésta es, a
nuestro parecer, la gran novedad de estas elecciones. El análisis del porqué de ese
cambio se lo dejamos a los sociólogos. Quizás se puede apuntar cierto desencanto
respecto a la idea de un nacionalismo defendido a cualquier precio, y desde luego se debe
a un enorme cansancio después de tanta bomba, tanto autobús ardiendo, tanto terror y
tanta sangre inocente.
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