Manuel María
Bru y Ángel Carreras
Manuel Monteiro de Castro, el nuevo
nuncio del Papa en España, es uno de los principales
representantes diplomáticos de la Santa Sede, pero antes
que nada es un sacerdote y un obispo sencillo, campechano,
bondadoso. Con sus 62 años ha sido representante del
Papa en países de los cinco continentes, el último de
ellos Sudáfrica, donde ha sido testigo, y colaborador,
de su transición democrática. Las de Vietnam y El
Salvador son también nunciaturas nada fáciles en las
que ha demostrado su buen hacer. El pasado 20 de marzo el
nuncio portugués llegó a España, según él mismo dice,
por las oraciones de su madre para tenerlo más cerca de
casa...
Es ya un tópico
hablar de la España católica pero al mismo tiempo
conocemos la realidad de la España secularizada. ¿Cuál
es la España que usted ha encontrado aquí?
La España que usted ha definido, que
tiene los dos elementos. Tiene un elemento realmente con
una cierta secularización, marcada por la desconexión
entre Fe y Vida; y hay otro elemento, el testimonio de
quienes viven intensamente esa unidad Fe-Vida que es
fundamental para todos los católicos.
En España uno
de los problemas de la Iglesia es su relación con el
Gobierno, especialmente respecto a la política familiar
y educativa. ¿Cómo va esta relación?
Creo que todo lo que cada uno de los dos,
la Iglesia y el Gobierno, puedan hacer por formar bien a
la gente y por fortificar la familia es poco, así que
debemos realmente hacer lo más que podamos por la vida y
por la familia. España se distinguió por llevar al
mundo el mensaje del Evangelio y sus valores evangélicos
son los que hacen grande su historia. Por lo demás creo
que hay receptividad por parte de los gobernantes a estos
problemas, al menos con quienes yo he hablado.
Sin embargo en
el nuevo gobierno hay quien a veces se ha decantado por
posturas favorables al aborto...
No he tenido la posibilidad de hablar con
estas personas todavía. Pero por la experiencia que yo
he tenido en el mundo, cuando hay una nota tónica, después
las personas van a plasmarse con esa nota tónica, así
que creo que estamos en el buen camino. Lo más
importante de todo es que desde todos los partidos se
lleve a la sociedad hacia el bienestar del hombre. Nos
interesa que toda la gente sea sensible y que estos
valores se encuadren en la política.
Una de las últimas
noticias de la Iglesia española más comentada es la
creación de la Región Eclesiástica Catalana. Algunos
comentarios en la prensa han ridiculizado esta realidad,
otros han planteado la creación de una Conferencia
Episcopal Catalana. ¿Qué piensa de ello?
Tenemos una Conferencia Episcopal muy
buena, muy activa, que está bien estructurada, así que
yo no creo que haya necesidad de ninguna otra Conferencia
Episcopal en España. Después hay instrumentos, a los
que podemos darles el nombre que queramos, para estudiar
los problemas locales, desarrollarlos, etc., no veo nada
de malo en eso. Pero como Conferencia Episcopal ya
tenemos una en la Iglesia española bien estructurada y
creo que no va a necesitar ninguna otra. La Región
Eclesiástica Catalana es un buen instrumento para la
cooperación pastoral de las diócesis catalanas, sin
necesidad de modificar nada el cuadro de trabajo de la
Iglesia española.
La Iglesia Católica
española se encuentra con el desafío, igual que la
Iglesia Universal por instancia de Juan Pablo II, de la
Nueva Evangelización. Es el desafío que los obispos
españoles han tomado en su conjunto. ¿Qué papel juega
en ese desafío la realidad de los nuevos movimientos
eclesiales?
Tiene un papel «muy, muy, muy»
importante, con los tres «muy». Porque la Iglesia no es
sólo jerarquía. La Iglesia somos todos nosotros y
muchas veces el Espíritu Santo se sirve de un elemento
de la Iglesia para llevar hacia delante una acción. En Fátima
el Papa ha beatificado a dos niños que tenían uno 10 años
y otro 9. Son los primeros niños que con esa edad son
beatificados sin ser mártires. ¿Por qué? Porque Dios
se sirvió de ellos para invitar al mundo a una vida
nueva, a una vida de oración por los demás, una vida de
conversión, de penitencia
en pocas palabras, una
vida de unidad entre la fe y la vida. Por lo tanto, el Señor
se sirve de quien busca mejor esos planes y su acción en
el mundo. Hoy la sostienen muchos seglares como Chiara
Lubich o Kiko Argüello, por citar dos nombres conocidos,
que están haciendo un bien enorme en todo el mundo.
Porque vemos por un lado que la familia está sufriendo
mucho, que los medios de comunicación social llevan a la
gente a un indiferentismo religioso; pero por otro lado
vemos a gente que habla de Dios y que lleva los dolores
espirituales de todo el mundo.
¿Qué les dice,
en este sentido, a los miembros del Movimiento de los
Focolares en España?
Conozco muy bien el Movimiento de los
Focolares. He participado en muchas Mariápolis. La última
en África del Sur. Les diría que es bueno que continúen
con el carisma de su Movimiento. Cuando uno se ve atraído
por un carisma hay que vivirlo intensamente para que
pueda dar todo lo que la institución está llamada a
ofrecer a la Iglesia y a la sociedad.
Por último,
Don Manuel, estando ya en España no podía dejar de ir a
Fátima el pasado 13 de mayo, cuando Juan Pablo II
beatificó a los dos hermanos de las apariciones y reveló
el tercer secreto de las mismas. No se lo podía perder,
¿verdad?
Para mí Fátima es un poco especial.
Primero, porque mi madre nació cerca de donde se apareció
la Virgen; segundo porque mis padres han ido siempre la
semana del 13 de mayo y la semana del 13 de octubre,
hospedados en el hotel Tres Pastorinhos.
También acompañé al Papa Pablo VI cuando celebraron
los 50 años de las apariciones de la Virgen. He estado
en 1982 cuando Juan Pablo II fue por primera vez a Fátima,
he estado en 1991 cuando el Papa ha ido por segunda vez y
he estado ahora en su tercer viaje. Así que quizás
estoy un demasiado ligado a Fátima para hacer un juicio
imparcial. Para mi el mensaje de Fátima ha tenido un
valor enorme. He estado en los cinco continentes
trabajando y en todos ellos he encontrado santuarios
dedicados a la Virgen de Fátima, pequeños oratorios
como en Saigón, en una aldea de leprosos a la entrada
tenía a la Virgen de Fátima con los tres pastorcitos.
Así que el mensaje de Fátima ha tenido
un valor enorme. He visto a la gente hacer penitencia,
dedicándose a los demás y siendo instrumentos de paz.
Si lo analizamos desde el punto de vista teológico, en
el mensaje de Fátima encontraríamos una respuesta a
todos los males que estaban afligiendo al hombre en esos
años. Encontramos la primera aparición, la aparición
del ángel, que invita a los niños a adorar la Santísima
Eucaristía. Así que vemos primero la existencia de los
ángeles, que mucha gente estaba poniendo en crisis. Y
vemos también la presencia real de Jesús en la Eucaristía
que cierta teología venía con explicaciones que eran un
poco sutiles. Y entonces a tres pastorcitos de un modo
muy claro se les habla de una presencia real, verdadera,
substancial y se les invita a la adoración. Después
vemos que María nos habla del Infierno, del Purgatorio y
nos habla también de la posibilidad de que nosotros
también pidamos por la gente que está en el Purgatorio.
Y luego están los secretos proféticos sobre la guerra y
la persecución de la fe y de la Iglesia, y sobre todo el
mensaje de que el Mal no prevalecerá sobre el Bien.
|